Un estudio español revela que algo tan sencillo como administrar dosis altas de melatonina, que tiene pocos efectos secundarios, podría reducir la mortalidad por covid, lo que abre la puerta a investigar sus posibles beneficios frente a otras patologías como shock séptico, parada cardiaca resucitada o ictus isquémico y hemorrágico. La investigación fue llevada a cabo por el servicio de medicina intensiva del Hospital Clínico San Carlos de Madrid; que realizó un estudio cuasi experimental en pacientes ingresados con covid grave entre marzo de 2020 y abril de 2021, cuando existían pocas opciones terapéuticas para estos pacientes. El trabajo ha sido publicado ahora en la revista ‘Journal of Medical Virology’.
La melatonina es una hormona producida por el cerebro que regula el ciclo sueño-vigilia, indicando al cuerpo cuándo dormir cuando oscurece y cuándo despertar con la luz. Pero también posee propiedades antioxidantes, antiinflamatorias e inmunomoduladoras y algunos estudios han sugerido que puede tener efectos beneficiosos frente a infecciones graves o procesos inflamatorios intensos. Por eso un equipo dirigido por el doctor Miguel Sánchez, principal investigador del estudio y académico de número de Medicina Intensiva de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), decidió probarlo en la fase más dura del covid, cuando los pacientes ingresados en la UCI presentaban tasas de mortalidad muy altas.
El estudio incluyó a 335 pacientes consecutivos ingresados entre la llegada del covid y abril de 2021. Los pacientes fueron incluidos en cuatro periodos de estudio consecutivos, alternando el tratamiento estándar (es decir, un grupo de control sin melatonina) con el tratamiento estándar con dosis altas de melatonina (50, 100 o 200 mg diarios) administrada a las 21.00 horas.
El desarrollo del estudio
“Comenzamos recogiendo los datos del primer grupo de control de 40 casos de referencia, sin melatonina, a finales de marzo de 2020. En los siguientes 162 casos se prescribió melatonina: 50 mg a 82 pacientes, 100 mg a los siguientes 40 pacientes, y finalmente, 200 mg a otros 40 casos. Como observamos un importante descenso de la mortalidad en los casos tratados con melatonina y se estaban introduciendo cambios en el manejo clínico del covid, como los corticoesteroides, los antivirales o el manejo respiratorio, decidimos detener la administración para observar si la mejora no era atribuible a la melatonina, sino a esas modificaciones. Los siguientes 93 casos ‘control’ sin melatonina tuvieron una mortalidad del 34%, por lo que decidimos añadir una cuarta fase de 40 pacientes que sí recibieron una dosis diaria de 100 mg, en la que volvimos a observar una reducción significativa de la mortalidad”, explica el doctor Sánchez.
Los resultados son evidentes: la mortalidad a los 90 días fue de un 20,8% con melatonina frente al 36,1% en los grupos sin este tratamiento. “Este efecto significativo se mantuvo incluso tras tener en cuenta las variaciones de la carga asistencial de la UCI y otros factores clínicos relevantes que también pueden influir en la mortalidad. Además, los pacientes que recibieron melatonina mostraron una mejor evolución del fallo orgánico desde los primeros días de ingreso”, indica el académico.
Menos eventos adversos
Así, el tratamiento con melatonina hizo descender las complicaciones graves. “Se observaron menos infecciones, especialmente de neumonía asociada a ventilación mecánica, menos necesidad de intubación, menor incidencia de barotrauma pulmonar y una reducción global de los eventos adversos. Asimismo, los pacientes tratados con melatonina pasaron menos días con soporte respiratorio y tuvieron estancias más cortas tanto en la UCI como en el hospital”, indica el especialista en medicina intensiva.
No obstante, dada la situación excepcional que provocó la llegada del covid, el estudio fue cuasi-experimental, es decir, sin una selección aleatoria de los participantes o sin compararlo con el placebo. Por eso, la intención de los investigadores es probar ahora el posible efecto de la melatonina en otras enfermedades graves caracterizadas por la inflamación sistémica y el estrés oxidativo. “Nuestra intención es realizar un ensayo, esta vez doble ciego, aleatorizado, comparado con placebo y multicéntrico, en patologías con fisiopatología similar, como el shock séptico, la parada cardiaca resucitada, porque se liberan radicales libres al reanudarse la circulación, y el ictus isquémico y hemorrágico, debido al efecto neuroprotector de la melatonina”, concluye el profesor Sánchez.
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