Cirujano cardiovascular con consulta en la Clínica Teknon de Barcelona y fundador de la Fundación Cardio Dreams desde la que opera del corazón a personas sin recursos, se ha consolidado como una de las voces más reconocidas y respetadas de su especialidad en España. Su trayectoria está marcada por una alta complejidad, por la innovación y por una intensa labor divulgativa. A la ciencia y el conocimiento suma una visión humanista de la medicina donde el corazón se entiende como órgano, símbolo y responsabilidad social.
-¿Por qué eligió cirugía del corazón, de las más complejas?
-Estudié medicina para especializarme en cirugía cardíaca, y la razón vino marcada por alguna de mis lecturas de juventud. Los pioneros de la cirugía cardíaca vivían una aventura increíble y salvaban a quien no tenía solución.
-En esa razón hay romanticismo literario.
-Para ser lo que soy hay que ser romántico, empatizar con el paciente es muy importante, no todo ha de ser ciencia y técnica. No soy de los que toman distancia emocional con el paciente, ese es mi secreto, tener un sentimiento que me une al paciente.
-¿Lo sabe todo de él cuando lo tiene sobre la mesa en el quirófano?
-Soy muy consciente de su vida, su trabajo, su familia… Esa persona ha depositado en mí su confianza y eso hace que yo dé lo mejor de mí. Las expectativas son altas y eso me ayuda a esforzarme al máximo y es muy motivador. Pero nos falta mucho por saber del corazón. No tenemos un sustituto cardíaco biológico que acabe con los trasplantes tradicionales y falta cultura para tener hábitos saludables.
-¿Cómo afronta la pérdida de un paciente?
-Muy mal y siempre queda el peso en la cabeza, porque cabe la pregunta de si podría haberlo hecho mejor. La cirugía cardíaca a veces puede ser simple pero nunca es fácil, puede faltar la suerte y no hay que olvidar que hay límites. La cirugía es una especialidad dura que te pone en tu lugar.
-¿Cómo gestiona el miedo del paciente?
-Tenemos un problema de base y es que nadie se quiere operar, ni pasar dolor, nadie quiere detener su vida. Hay que pensar que cada paciente es diferente, no sirven los patrones en muchos casos y lo que he de lograr es que sienta que su operación es lo más importante de mi vida en ese momento.
-¿Qué siente al sostener un corazón con las manos?
-Es una sensación inigualable. Hay que tener un equilibrio, es inmenso pero no puedes olvidar que tienes ahí a una persona y yo soy consciente de mis límites, y esos límites hay que conocerlos muy bien y no sobrepasarlos, has de saber hasta dónde puedes llegar.
-Trata con pacientes de muchos países. ¿Hay diferencias notables?
-Muchas. El paciente americano me pregunta todo: qué notas saqué en el Bachillerato, cuántas operaciones como la suya he realizado, cuántos éxitos y fracasos… El español no pregunta nada y se pone en mis manos. Estaría bien un término medio. Siempre hay que ser honesto con todos, no se puede vender humo.
-¿Cuántas horas puede llegar a estar sin parar en un quirófano?
-Como residente en San Pablo tengo récord, 34 horas. Entre nosotros está la frase de que al quirófano hay que llegar comido, meado y todo lo demás. Algunas veces, las menos, son tres horas. Pero sean las que sean no notas el cansancio cuando estás ahí, la caballería llega cuando terminas. Por eso se necesita un buen fondo físico. Yo hago ejercicio, como sano, no fumo… Mantener el peso es importante. O tienes nivel físico y mental, o esto acaba contigo.
-¿Cuándo me he de preocupar por mi corazón?
-Como mujer al comenzar la menopausia, porque los estrógenos dejan de proteger y se precipita una tendencia a aumentar de peso, a la hipertensión, al colesterol… Para los hombres los síntomas pueden aparecer diez años después. En la mujer el infarto puede pasar más desapercibido y tiene más riesgo por un patrón ineludible: cuida menos de sí misma que de los demás. Y es más grave porque tarda más en ir al médico, y el primer tratamiento de cualquier enfermedad es la actitud..
-¿Cómo es su ritmo emocional al entrar al quirófano?
-No grito, no me pongo nervioso ni echo la culpa a nadie de cualquier incidencia. Uno sabe si lo ha hecho bien o mal, y a mí con el 60 % no me vale, necesito el 100%. Mi equipo suele ser siempre el mismo, y que te siga convencido y con ganas es lo que me mantiene en calma.
-¿Hay conflicto entre la sanidad pública y la privada?
-En España la sanidad tiene el beneficio de ser universal, y también tiene defectos muy claros. Cierto que pagamos impuestos por tener una buena sanidad, pero el problema está en los que mandan, ¿A qué dedican nuestros impuestos? A menudo los recursos los gestiona gente que no se entera de qué va esto, falta eficiencia. Piense que la vida cada día se alarga más y con ella las enfermedades crónicas. Pero la coexistencia de las dos sanidades es imprescindible, el servicio está muy atomizado, la cultura sanitaria es mala y la gente exige mucho. Quien dirige la Sanidad ha de ser un técnico de gestión, pero ha de saber rodearse de un buen equipo de colaboradores médicos. Pero cambia el gobierno y otra vez a empezar de cero. Los planes sanitarios se requieren a largo plazo.
-Opera en ocasiones a personas sin recursos, entre diez y catorce veces al año. ¿Cómo llega a tomar ese compromiso?
-La Fundación Cardio Dreams nace de una idea: estamos en este mundo para ayudar, no puedes pasar de cualquier manera por la vida. Hay gente que no tiene ninguna oportunidad y ese es un paciente diferente. Nos quejamos de mucho y yo opero a gente con patologías pasadas de vueltas y que no tiene de nada.
-¿Cuenta con patrocinadores?
-La propia Clínica Teknon y personas que pagan todos los gastos de esas operaciones, y eso es dinero finalista porque es difícil confiar en una Fundación y ahí sabes que tu dinero va directo a la mesa de operaciones.
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