La jefa del grupo de tumores torácicos del Hospital Clínic, Laura Mezquita, comenzó a interesarse por el gas radón cuando una paciente, muy joven, aventuró hace 15 años que su cáncer se debía a este gas radiactivo. En aquel momento nadie hablaba del radón, pero hoy se sabe que es la segunda causa de cáncer de pulmón, por detrás del tabaco. Aun así, sigue habiendo muchas incógnitas, que Mezquita, con otros investigadores del Clínic e IDIABAPS y gracias al apoyo económico del programa CRIS de Talento Médico Traslacional, trata de despejar, intentando desentrañar cómo el entorno y los factores ambientales influyen en el desarrollo del cáncer y su evolución.
¿Por qué el gas radón provoca cáncer? Porque es un gas radioactivo que se produce por la desintegración del uranio presente en el suelo y en algunas rocas, especialmente el granito. El problema es que puede acumularse en espacios cerrados, sin que lo notemos, porque es incoloro, inodoro e invisible. Cuando lo inhalamos, emite radiación alfa, que impacta directamente sobre las células del pulmón y puede dañar su ADN. Ese daño, si se mantiene durante años, puede favorecer la aparición de cáncer de pulmón.
¿Existen diferencias entre el cáncer de pulmón causado por el tabaco y por el gas radón? Se estima que un 3-14% de los casos están relacionados con el gas radón, por lo que es una de las principales causas en personas que nunca han fumado y la segunda causa global, por detrás del tabaco. Desde el punto de vista molecular, empezamos a detectar ciertos patrones de daño en el ADN que podrían diferir parcialmente, pero, hoy por hoy, no podemos hablar de un ‘cáncer de radón’ claramente identificable. Además, cuando una persona fuma y está expuesta al radón, el riesgo no se suma, sino que se multiplica.
Entender cómo influyen factores ambientales como el radón es clave para avanzar hacia una oncología más personalizada
¿Qué incógnitas siguen abiertas? Sabemos que produce daño genómico, pero todavía desconocemos bien cómo ese daño influye en la biología del tumor, en su agresividad o en la respuesta a los tratamientos. El cáncer de pulmón no es una sola enfermedad, sino muchas, que clasificamos según sus características genéticas e inmunológicas. Esas características tienen un impacto en nuestra práctica clínica, en la toma de decisiones sobre tratamientos y en la supervivencia. Por eso, entender cómo influyen factores ambientales como el radón es clave para avanzar hacia una oncología más personalizada.
¿Qué estáis buscando en la investigación con pacientes con cáncer de pulmón expuestos al radón? En el grupo MECA (Medioambiente y Cáncer), en el Hospital Clínic y el IDIBAPS, investigamos cómo la exposición al radón influye en el desarrollo del cáncer, desde su origen hasta su comportamiento. Estudiamos si los tumores asociados al radón presentan características biológicas propias, tanto a nivel molecular como inmunológico, y cómo estas se relacionan con la evolución de la enfermedad y con la respuesta a los tratamientos. Nuestro objetivo es entender mejor qué tipo de cáncer estamos tratando. Queremos identificar biomarcadores que nos ayuden a predecir qué pacientes responderán mejor a determinados tratamientos y, a más largo plazo, abrir la puerta al desarrollo de nuevas dianas.
Como oncólogos, no podemos mirar solo al tumor cuando aparece, sino que debemos intentar entender por qué aparece y qué papel juega el entorno
¿Qué le llevó a investigar el radón? Llegué al radón a través de una paciente, Pilar Martín Berrocal. Era joven, tenía poco más de 40 años, nunca había fumado y fue diagnosticada de un cáncer de pulmón avanzado. Recuerdo muy bien una de nuestras consultas. Al final de la visita, me dijo una frase que en aquel momento me descolocó por completo: ‘Laura, mi cáncer es por el radón’. En 2010 casi nadie hablaba del radón. Yo sabía que existía, pero no que pudiera ser una causa tan relevante de cáncer. Pili vivía en una zona con alta concentración de radón. Su historia me hizo hacerme una pregunta sencilla, pero incómoda, ¿cuántos casos como el suyo están pasando desapercibidos?, ¿cuántas personas están desarrollando un cáncer sin saber que en su propia casa hay un factor de riesgo? Entendí que, como oncólogos, no podemos mirar solo al tumor cuando aparece, sino que debemos intentar entender por qué aparece, qué papel juega el entorno y qué factores podemos identificar para prevenir otros casos.
¿Dónde hay más gas radón en España? El radón es más frecuente en zonas con suelos graníticos o ricos en uranio, como algunas áreas de Galicia, Castilla y León, Extremadura, la sierra de Madrid o ciertas zonas de Catalunya, como el Maresme. En cualquier caso, es importante recordar que el radón puede encontrarse en cualquier lugar. La única forma de saber si estamos expuestos en una vivienda concreta es medirlo, ya que es invisible, inodoro y no produce síntomas.
El granito es un factor de riesgo, pero la acumulación de radón depende también de la estructura y antigüedad de la vivienda, de la ventilación o las grietas
¿En todas las casas de granito la acumulación de radón es más alta? No necesariamente. El granito es un factor de riesgo, pero la acumulación de radón depende también de la estructura y antigüedad de la vivienda, la ventilación, las grietas en el suelo o el contacto con el terreno. Por eso, insistimos tanto en la medición, que se realiza con detectores pasivos que se colocan en la vivienda durante al menos tres meses. En Europa, el nivel de referencia es de 300 bequerelios por metro cúbico. Pero es importante aclarar que no existe un nivel seguro. Por eso, el objetivo siempre debe ser reducirlo al máximo posible, poniéndose en manos de profesionales que conozcan los métodos de mitigación.
¿Las medidas puestas en marcha por las autoridades son suficientes? La normativa y el código de edificación suponen un avance muy importante, pero llegan tarde para muchas viviendas ya construidas. Además, la regulación por sí sola no es suficiente: debe ir acompañada de información, concienciación y acceso real a la medición [para los particulares], porque si no se mide, el radón sigue siendo un riesgo invisible. En 2024 se aprobó el Plan Nacional contra el Radón, impulsado por Sanidad, que establece un marco claro para actuar en prevención, medición y protección de la población. Ahora el reto es pasar del papel a la práctica, especialmente para quienes viven o trabajan en zonas con mayor riesgo.
Es fundamental facilitar el acceso a la medición del radón y a soluciones de reducción que sean asequibles, con apoyo de las administraciones
¿Pero hay ayudas o se facilita la medición a personas que viven en casas construidas antes de que se implantaran las medidas de prevención? Hay sitios donde se dan ayudas para realizar obras de mitigación del riesgo y se hacen campañas de medición, pero por ahora es algo incipiente. Hay iniciativas locales, que dependen de los ayuntamientos, pero no hay una administración pública sólida que ayude y dé respaldo. El peso recae en el particular, [que tiene que contratar a un profesional que haga la medición], con excepción de los lugares de trabajo, donde las empresas se están movilizando. Abordar el problema del radón en edificios antiguos requiere una combinación de información, apoyo técnico y compromiso institucional. Y es fundamental facilitar el acceso a la medición del radón y a soluciones de reducción que sean asequibles, con apoyo de las administraciones. Porque, sin medición, el problema sigue siendo invisible y no se pueden tomar decisiones.
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