Hace un año que a Cristina, de 58 años, le detectaron un colangiocarcinoma, un cáncer raro —su incidencia es de dos casos al año por 100.000 habitantes— y agresivo que se origina en los conductos biliares —los tubos que transportan la bilis desde el hígado hasta el intestino delgado—. Los médicos del Hospital Vall d’Hebron (Barcelona) le administraron quimioterapia e inmunoterapia. Funcionó «bastante bien». Pero estuvo un tiempo esperando a saber si era posible o no operarla para «acabar de limpiar todo eso». «Que me operaran era mi sueño», confiesa.
Su tumor, del tamaño de una pelota de balonmano, era de entrada inoperable. Pero finalmente sí fue posible extirpáserlo gracias a que Vall d’Hebron ha realizado por primera vez en Catalunya una técnica pionera que abre la puerta a tratar a más pacientes en su situación. «Ha sido espectacular. No me puedo creer que haya pasado todo esto. Ha sido una experiencia muy fuerte pero muy bonita a la vez», ha afirmado Cristina este miércoles desde el hospital en una rueda de prensa para explicar esta cirugía, que duró 10 horas y se realizó en noviembre.
La técnica que los médicos han usado es una propia del trasplante hepático, la cual permite mantener el órgano con vida mientras se desconecta temporalmente de su circulación sanguínea. Esta no es la novedad. La novedad es la indicación para la que esta ténica se ha usado. Y ha funcionado. «Los tumores de vías biliares son muy poco frecuentes. La mayoría de las veces son inoperables porque los pacientes suelen ser diagnosticados cuando el tumor ya es muy grande y hay metástasis», ha contado José Manuel Domínguez, subdirector asistencial del hospital.
«Esperanza» en los pacientes
El colangiocarcinoma de Cristina rodeaba estructuras vitales —el tumor afectaba a la vena cava y a la confluencia de las tres venas hepáticas—, lo que hacía inviable cualquier abordaje quirúrgico convencional, ya que para garantizar la supervivencia de la paciente era imprescindible preservar al menos una de las tres venas hepáticas. «La única manera de poder operar este tumor era hacer una resección tumoral [procedimiento quirúrgico para extirpar un tumor y un borde de tejido sano circundante con el objetivo de eliminar células cancerosas y prevenir recaídas]. Para hacer esto, hay que parar el flujo de la sangre que entra y sale del hígado. Para esto utilizamos la tecnología Hope», ha dicho por su parte el cirujano Gonzalo Sapisochin. Esta máquina es utilizada en el trasplante hepático, tanto en adultos como en población pediátrica, para preservar el órgano entre la extracción y su implantación.
En este caso, el reto no era preservar el órgano fuera del cuerpo, sino conectar la máquina directamente a la paciente, sin movilizar el hígado y proteger este órgano mientras permanecía temporalmente sin flujo ni drenaje sanguíneo durante la extirpación del tumor. Durante el tiempo que dura la resección tumoral y la reconstrucción vascular, la máquina mantiene el órgano en una pausa metabólica controlada, suministrando de forma continuada un líquido oxigenado en condiciones de hipotermia, entre 4 y 10 grados.
«Esta técnica aporta mucha esperanza a muchos pacientes que antes no podrían ser operados», ha señalado Domínguez. Por ejemplo, pacientes con hepatocarcinomas, tumores endocrinos o con metástasis de origen colorrectal (así como con otras patologías que afectan al hígado) también podrían beneficiarse de esta técnica. En el caso de los tumores de las vías biliares, podrían someterse a ella hasta un tercio de los que tienen este cáncer en un estadio localmente avanzado. Actualmente, solo un 30% de los pacientes con un tumor de las vías biliares son operables.
Tratamiento previo
Otra pieza decisiva fue el papel de Oncología Médica. La paciente no habría podido someterse a la intervención si el tumor no se hubiera reducido previamente. Esto fue posible gracias a un tratamiento que combina quimioterapia e inmunoterapia con durvalumab, recientemente aprobada para el tratamiento del colangiocarcinoma. «La inmunoterapia evitó que Cristina tuviera metástasis e hizo que el tumor se redujera para poder operarla», ha explicado Jaume Capdevila, jefe del Grupo de Tumores Hepatobiliopancreáticos y Endocrinos.
La complejidad del caso requirió una planificación preoperatoria exhaustiva con reconstrucción tridimensional del hígado y de las estructuras vasculares para anticipar las fases críticas de la intervención, en colaboración con la Unidad de Tecnologías 3D del hospital.
En total, se extirpó el 60% del hígado. El 40% restante se preservó en frío dentro de la paciente mediante el sistema de perfusión durante el tiempo necesario para completar la cirugía vascular. La doctora Mireia Caralt destaca que el hígado tiene una capacidad de regeneración «extraordinaria». «Podemos extirpar hasta dos tercios y recuperar el volumen en pocas semanas», afirma. El órgano, que puede llegar a pesar 1,5 kilos, participa en cerca de 500 procesos metabólicos y, si deja de funcionar, la persona puede fallecer en cuestión de horas. «Por eso era esencial protegerlo durante la intervención», concluye.
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