El 20% de los hombres que tienen sexo con hombres en Barcelona practican el ‘chemsex’, según CheckPoint, el centro comunitario para la detección del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Este porcentaje era del 6% en 2017. El ‘chemsex’, que consiste en maratones de sexo –a veces de hasta dos o tres días– con personas desconocidas en las que se mezcla el consumo de drogas (principalmente metanfetamina o ‘tina’, como se refiere a ella el colectivo gay), se ha convertido en un «problema de salud pública de primera magnitud» en la capital catalana, según advierte la Unidad de VIH-sida del Hospital Clínic.
La unidad Chemsex Support de la oenegé Stop, especializada en esta problemática, tiene una lista de espera de tres meses desde el año pasado, algo que no había ocurrido antes en ningún servicio de esta entidad. Otras unidades, como la dedicada a las adicciones o a la patología dual del Hospital del Mar, también ven más pacientes que se enganchan a la metanfetamina a través del ‘chemsex’. Entidades como la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD) también detectan un aumento, aunque precisan que no todo el mundo presenta un «consumo problemático».
«Es una forma de entrar en el mundo de la droga: el placer es muy grande, pero va desapareciendo mientras la adicción va a más»
La práctica del ‘chemsex’, además de aumentar el riesgo de contraer ITS (en estas sesiones no siempre se usa preservativo), genera problemas psíquicos y sociales debido a que, para muchas personas, es la vía de entrada al mundo de las drogas. «El deterioro de la psique de la persona es preocupante. Hay quienes desarrollan problemas psiquiátricos, como depresiones o psicosis. Y luego existe una variante psicosocial enorme: algunas personas —los casos más extremos— acaban perdiendo el trabajo, la pareja, el piso. Acaban perdiéndolo todo», resume Josep Mallolas, jefe de la Unidad de VIH-sida del Clínic.
«Mucha intensidad y duración»
El año pasado, de los 1.700 pacientes que trató esta consulta, un 20% consumía las «‘big three'», las tres principales drogas asociadas al ‘chemsex’: metanfetamina, mefedrona (‘mefe’, en el argot del colectivo) y GHB (conocida popularmente como ‘G’ o ‘chorry’). El uso sexualizado de las drogas no es nuevo, sino que ha existido siempre. Tampoco por supuesto es exclusivo del colectivo gay. «En el ‘chemsex’ es clave el uso de drogas para tener relaciones de mucha intensidad, placer y duración. Y aunque sobre todo se está dando en hombres que tienen sexo con hombres, no es exclusivo de ellos», prosigue el doctor Mallolas.
Según el especialista, en estas reuniones, «‘chills'», suelen participar varias personas («seis, siete, diez…») a quienes las drogas proporcionan euforia, desinhibición y mucho deseo sexual. A veces estos encuentros pueden durar días. «Es una forma de entrar en el mundo de la droga: el placer es muy grande, pero va desapareciendo mientras la adicción va a más», añade.
Dejar esta adicción «es muy poco frecuente»: una investigación señala que solo el 5% logra desengancharse
Estimulantes como la metanfetamina y la mefedrona causan euforia, aumento de energía y disminución del apetito y del sueño. Hay personas que pueden estar días sin dormir. También causan ansiedad, irritabilidad, agitación y conductas impulsivas. A dosis altas, paranoia, alucinaciones y confusión. El GHB tiene un efecto sedante en dosis altas pero, como las otras dos sustancias, también causa euforia e incremento del deseo sexual en dosis bajas.
Sin cifras en la mano, Mallolas también detecta que la práctica del ‘chemsex’ está creciendo. Sin embargo, no es fácil de detectar. «Y, cuando lo detectas, la gran mayoría de personas no tiene intención de dejarlo. Sin darse cuenta, entran en un área de extrema gravedad, en un peligro muy grande a nivel físico, psicológico y social», advierte Mallolas, quien además pone el foco en que «dejar esta adicción es muy poco frecuente». Una investigación de tres años de duración de su consulta ha reflejado que solo el 5% logra desengancharse.
Redes sociales
Según los especialistas, las quedadas en los hogares, con motivo de la pandemia y del toque de queda impuesto por los gobiernos, impulsaron el ‘chemsex’. Las redes sociales y apps de citas potencian esta práctica. «El ‘chemsex’ sigue subiendo. La metanfetamina, la mefedrona y el GHB tienen un potencial adictivo muy fuerte», explica por su parte Toni Gata, psicólogo de CheckPoint. De las 380 personas que pasan al año por su consulta, más del 95% de los casos que atiende son por ‘chemsex’.
Más del 95% de casos que atiende la consulta psicológica de CheckPoint son por ‘chemsex’
«No hay un perfil único. Antes era una persona local, de 30 o 35 años, con buen estatus económico. Ahora no. También hay personas de 18 años. Turistas. La socialización se suele producir a través de las ‘apps’. Buscan intensidad sexual y conexión emocional. Pero también vemos que hay estrés, soledad, estigma…», cuenta Gata.
Este psicólogo asegura que «no todas las personas» que llegan a su unidad por la práctica de ‘chemsex’ lo hacen con la percepción de ser «adictas». «En parte de la cultura gay de Barcelona está normalizado el consumo, por eso muchas personas no se consideran adictas. Vienen a la consulta porque quieren controlar algo más el consumo, porque, por ejemplo, le está repercutiendo en el trabajo», apunta Gata.
«Una barbaridad»
«Nosotros tenemos una lista de espera de tres meses en nuestra unidad especializada en ‘chemsex’ desde el año pasado. Es una barbaridad. Es la primera vez que nos pasa algo así en la historia de la unidad. No solo se debe a que haya aumentado el ‘chemsex’, sino también a la falta de recursos», denuncia Luis Villegas, gerente de la oenegé Stop. Según esta entidad, el 72% de los usuarios que atiende la unidad de ‘chemsex’ tienen VIH. No obstante, la infección no se da en contextos de ‘chemsex’, asegura el especialista.
«Hay gente que lo practica una vez al mes y otra que lo hace cada semana y se queda en situación de indigencia»
El aumento de ITS en general y en concreto el asociado a la práctica de ‘chemsex’ preocupa a Robert Güerri, jefe de Medicina Interna y de la Unidad de VIH-ITS del Mar. «La primera vez que oí hablar de esta práctica fue en 2017. Era algo exótico. Pero aumentó en torno al covid y probablemente vemos solo una parte pequeña», afirma este médico. Él lo ha detectado a través de la unidad de Prep –pastilla preventiva del VIH– que tiene este hospital. «Hay gente que lo practica una vez al mes y otra que lo hace cada semana y se queda en situación de indigencia», asegura. Güerri señala que el ‘chemsex’ sí aumenta el riesgo de infección de VIH y de otras ITS «que ya están disparadas».
Sinhogarismo
Por su parte, el psicólogo de CheckPoint explica que en Montjuïc, zona de ‘cruising’, hay un asentamiento de chicos viviendo en la calle. Ahí, asegura, hay personas migrantes del colectivo LGTBI (sin vínculos o con una situación de vulnerabilidad que les ha hecho acabar en la calle y que han elegido esta zona de Barcelona para pernoctar), pero también usuarios del ‘chemsex’ que han perdido su hogar debido a una mezcla de factores: ‘chemsex’, drogas, problemas socioeconómicos, de salud mental, discriminaciones… En total, cifra en «60 u 80» las personas que pernoctan a la intemperie en Montjuïc. Estos casos suponen, de nuevo, los más extremos de esta problemática. Pero existen.
«No todo el mundo que practica ‘chemsex’ presenta un consumo problemático»
Como recuerda Ester Aranda, de la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD), «no todo el mundo que practica ‘chemsex’ presenta un consumo problemático». «Lo que sí sabemos es que ahora hay más personas que realizan estas prácticas», certifica. Más ejemplos. Energy Control, el programa de ABD dedicado a la reducción de riesgos en el consumo de drogas, ha desarrollado un proyecto específico para ‘chemsex’, un fenómeno que, insisten también desde esta asociación, hace 10 años era «puntual».
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