La medicina ha conseguido que sobrevivan cada vez más bebés prematuros y que disminuyan algunas de las secuelas más graves asociadas a nacer antes de tiempo. Sin embargo, esos avances no han ido acompañados de un desarrollo similar de nuevos medicamentos específicamente pensados para los recién nacidos. «Tenemos las mismas cuatro cosas que teníamos en 1984», lamenta la doctora Carmen Pallás, jefa de Neonatología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, que denuncia que muchos de estos pacientes siguen recibiendo fármacos desarrollados para adultos o para niños mayores.
Cuando EL PERIÓDICO contacta con Pallás, toda una institución en su campo, está a punto de jubilarse. Eso no significa, aclara, que vaya a retirarse del todo de una especialidad a la que ha dedicado más de 40 años de vida profesional. Un tiempo en el que ha visto cambiar radicalmente la atención a los bebés que llegan al mundo antes de tiempo.
Cada año nacen en España 30.000 bebés prematuros; las tasas de prematuridad están entre el 7% y el 8% y la supervivencia alcanza el 95%
En España nacen cada año unos 30.000 prematuros. Los tratamientos aplicados a los bebés y a sus madres desde la década de los 90 han permitido sacar adelante a muchos pequeños que antes tenían muchas menos posibilidades de sobrevivir. Frente a esos avances, sin embargo, Pallás considera que la neonatología continúa «discriminada»: se invierte poco, denuncia, tanto en la investigación de nuevos fármacos como en el desarrollo de tecnología específicamente destinada a los recién nacidos.
«Es bastante frustrante que la investigación que se hace en neonatología sea muy limitada. Estamos discriminados por gran parte de la industria»
Un bebé prematuro es aquel que nace antes de las 37 semanas de gestación. Los prematuros extremos son los que lo hacen antes de la semana 28. Todos necesitan ser atendidos por personal especializado y experimentado. El objetivo no es únicamente conseguir una elevada supervivencia —en España, después de las 28 semanas, se sitúa alrededor del 95%—, sino lograr también la mayor calidad de vida posible y reducir al mínimo el riesgo de secuelas posteriores, señalan los médicos.
Las tasas de prematuridad que registra España, de entre un 7% y un 8%, son, según Pallás, aceptables e incluso «buenas». “Lo ideal sería que fuera cero”, matiza. Sobre todo, apunta, si se comparan con las de otros países como Estados Unidos, donde hasta no hace mucho, “porque están haciendo un esfuerzo muy importante”, se situaban en niveles que califica de “inaceptables para un país desarrollado”, por encima del 12%.

El 12 de Octubre ha fabricado mascarillas nasales en 3D para la respiración de bebés prematuros / HOSPITAL 12 DE OCTUBRE
«Las mismas cuatro cosas que en 1984»
Pese a los buenos datos de superviencia, Pallás considera que el progreso en el desarrollo de medicamentos y tratamientos específicamente destinados a los recién nacidos no ha estado a la altura. «Es bastante frustrante que, después de un recorrido tan largo, la investigación que se hace en neonatología sea muy limitada. Estamos discriminados por gran parte de la industria en cuanto a la inversión que hacen para que se mejoren los dispositivos y las medicaciones para estos niños», denuncia.
La mayoría de terapias usadas en las ucis neonatales son adaptaciones de fármacos para adultos o niños mayores
La neonatóloga se remite a un reciente artículo publicado en The Lancet Child & Adolescent Health sobre el futuro de la neonatología, que traza una hoja de ruta global para superar el estancamiento en el desarrollo de tratamientos específicos para recién nacidos. El documento destaca que la gran mayoría de las terapias empleadas en las unidades de cuidados intensivos neonatales son adaptaciones de medicamentos desarrollados para adultos o se utilizan fuera de su indicación oficial.
Pallás pone un ejemplo que considera especialmente revelador. En todos estos años, sostiene, el único medicamento desarrollado específicamente para estos pacientes tan frágiles ha sido el surfactante. «¡En 40 años!», enfatiza.
“Utilizamos medicamentos que se desarrollan para adultos o para niños mayores, fuera de la indicación. Solo para el tratamiento del dolor estamos muy limitados. Tenemos las mismas cuatro cosas que teníamos en 1984: morfina, fentanilo, paracetamol y poco más. Porque no hay estudios. Eso, en el mundo de los adultos no pasa», señala.
La paradoja de la natalidad
La falta de investigación tiene además una dimensión global. «Es preocupante que, en el mundo, más de dos millones de recién nacidos sigan muriendo cada año», advierte Pallás.
La doctora describe una paradoja: los países que podrían destinar más recursos a investigar tienen ahora una natalidad muy baja y pocos niños, mientras que aquellos donde nacen más bebés cuentan con muchos menos recursos.
«En los países en los que se podría invertir para investigar, ahora la natalidad es muy baja, hay pocos niños y no interesa; y los países que tienen más natalidad tienen muy pocos recursos. Eso es un problema», insiste.
A punto de cerrar más de cuatro décadas al frente de una especialidad que ha visto transformar, Pallás deja precisamente esa reivindicación como una de las grandes tareas pendientes de la neonatología. «Si no lo reclamamos nosotros, ¿quién lo va a reclamar?, ¿los niños? Al final, no invertir en los niños empobrece el futuro», zanja.
Avances
En la mejora de la supervivencia de los prematuros han influido numerosos factores. De entrada, destaca Pallás, la sanidad universal ha permitido atender a todas las gestantes: “Con papeles, sin papeles…”. A ello se han sumado los avances clínicos. «A principios de la década de los 90 hubo dos intervenciones que fueron importantísimas y que cambiaron el manejo de los niños muy prematuros», recuerda la neonatóloga.
La primera fue la introducción del surfactante pulmonar, un fármaco que se administra a bebés prematuros con síndrome de distrés respiratorio (SDR). La segunda, la administración de corticoides prenatales a las madres. «Estos dos factores consiguieron disminuir la mortalidad y la morbilidad. Ha sido el avance más importante en todos estos años», sostiene Pallás.
De mirar por una ventana a estar las 24 horas
Pero en estas cuatro décadas se ha producido otro cambio que la especialista considera fundamental: la humanización de la atención y la incorporación de las familias al cuidado de los recién nacidos. «Cuando yo empecé, estaban fuera y veían a los niños por una ventana. Está demostrado que su presencia mejora la evolución y genera salud. Ningún niño quiere estar solo», explica.
En 2025, el Hospital 12 de Octubre incorporó un modelo pionero en España e incipiente en Europa: el proyecto ‘Cero Separación’. Su objetivo es garantizar que todos los recién nacidos, ya sean prematuros o estén enfermos, puedan permanecer acompañados por sus padres u otros familiares durante las 24 horas del día.
Para hacerlo posible, el complejo dispone de un recinto con 36 habitaciones familiares dotadas de cama para los progenitores. Todas ellas pueden adaptarse al nivel de cuidados que necesite cada niño desde su ingreso hasta el alta, sin necesidad de trasladarlo de un área a otra. De esta manera, una habitación puede funcionar, en caso necesario, como unidad de cuidados intensivos pediátricos o incluso como quirófano.
Respiradores, incubadoras y mascarillas en 3D
En ese largo recorrido hasta 2026 también han mejorado los respiradores, las incubadoras y otros dispositivos utilizados para atender a los bebés más frágiles.
Hace apenas unos días, el Hospital 12 de Octubre daba a conocer, por ejemplo, que fabrica mascarillas nasales personalizadas mediante impresión 3D para recién nacidos prematuros con muy bajo peso al nacer, incluidos aquellos que pesan menos de 750 gramos.
Menos secuelas
También han disminuido algunas de las secuelas que puede dejar la prematuridad. «Al principio una piensa: ‘Si mejoras la supervivencia, vas a aumentar las secuelas. ¿Merece la pena?’. Realmente eso no ha ocurrido: en la mayoría de los estudios que se han hecho, las secuelas más graves han disminuido», destaca Pallás.
La parálisis cerebral, que era relativamente frecuente entre los bebés muy prematuros y aquellos con un peso inferior a 1.500 gramos, se ha reducido, señala la doctora. “Tanto la leve como la grave”. También se ha producido una disminución de la retinopatía del prematuro, una enfermedad ocular que afecta a los bebés nacidos antes de tiempo.
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