En un contexto de creciente preocupación por la salud mental, las (mayoritariamente son mujeres) y los cuidadores continúan siendo la parte más frágil del sistema: son quienes acompañan a pacientes, a menudo familiares con enfermedades crónicas o adicciones. Suelen asumir esta responsabilidad en solitario y, en muchos casos, la compaginan con su trabajo, lo que acaba afectando seriamente a su bienestar emocional. Conscientes de esta realidad, las profesionales del proyecto EducArt de la asociación Vincle impulsaron unos talleres artísticos dirigidos específicamente a cuidadoras. Es una de las pocas, sino la única, entidades catalanas que ofrece un recurso de este tipo.
EducArt, creado en 2021, es arteterapia pensada específicamente para cuidadoras de dependientes. La impulsora de este proyecto, Ester Targa, destaca que la intención inicial era acompañar a personas vulnerables desde un punto de vista sociosanitario a través del arte, pero hace unos años se dieron cuenta de la necesidad de que las cuidadoras tuvieran también su propia terapia.
Las personas cuidadoras tienen un «día a día muy difícil, sin tiempo para ellas, con sensación de malestar, culpa, sobresaturación o cansancio. En muchos casos son mujeres que cuidan de sus maridos, por lo que además experimentaban soledad», describe Targa. «Su situación es bastante invisible y ahora mismo no tienen ningún espacio de respiro o desconexión. La idea del taller es que estas personas puedan encontrarse, crear y a través del arte pongan el foco en ellas mismas, en lo que necesitan y sienten, y compartir estas emociones de malestar o alegría», remarca.

Las participantes de los talleres de arteterapia / Vincle
En este contexto, desde hace un par de años, EducArt tiene talleres de creatividad específicos para cuidadoras en los que se potencia el trabajo en grupo y se establecen dinámicas para desarrollar la creatividad. La terapia es semanal, dura 90 minutos y se hacen en locales cedidos por las administraciones, como ambulatorios o centros cívicos. Otro de los objetivos de este proyecto impulsado por Vincle es que los usuarios conozcan los recursos sociales y sanitarios más cercanos que tienen en el mismo barrio.
Contra la soledad
En esta edición del proyecto hay 20 grupos estables semanales y otros 13 en los que se hacen intervenciones puntuales más periódicas. EducArt cuenta con un equipo de 10 personas y ofrecen talleres a unas 200 participantes. «Casi el 100% son mujeres; los cuidados tienen nombre y voz de mujer«, destaca la coordinadora de EducArt, Raquel Moreno, y añade que «las personas cuidadoras son un ámbito muy invisibilizado«.
«Muchas de estas mujeres siguen teniendo su trabajo, además de cuidar de una persona vulnerable. Nosotros atendemos a personas que cuidan a personas en situaciones de vulnerabilidad. Aquí están desde drogodependencias; hijos con necesidades educativas especiales, gente con problemas de salud mental o mayores con algún tipo de patología crónica», señala Moreno.
Estos talleres comenzaron en los barrios de Besòs i Maresme, Collblanc-Florida y Sagrada Familia y las usuarias llegaban por derivación de los servicios sociales. Tras el éxito inicial se ha ido expandiendo por Barcelona y su área metropolitana y ahora se pueden encontrar en el Maresme, Baix Llobregat, Vallès Oriental y Occidental.
En su mayoría las asistentes son personas que se hacen cargo de un familiar, aunque también hay profesionales que se dedican al sector sociosanitario. En este sentido la Agència de Salud Pública de Barcelona les pidió hacer un grupo en el barrio de La Pau, ya que había una demanda que no se estaba cubriendo.
Acompañamiento y emociones
Las responsables del proyecto indican que gracias a la arterapia las asistentes han aprendido a conocerse a ellas mismas y a sentirse acompañadas dentro de un entorno emocional. Algunos talleres han acabado con una exposición de lo que han creado en los talleres, con lo que «se rompe la barrera entre artista y persona que no se dedican al arte y pueden mostrar sus creaciones en el propio barrio, es otra forma de vincularse entre ellas», remarca Targa.

Las participantes de los talleres de arteterapia / vincle
Las sesiones no son únicamente plásticas sino que abordan varios conceptos artísticos, como el musical, la escritura o el baile, en los que la persona saca «lo que a veces cuesta decir con palabras». También hay una parte de terapia grupal en las que cada una explica cómo se siente y mediante un juego se las hace conectar con su lado más creativo que permite trabajar las emociones. Targa insiste en que mediante este lenguaje se trabaja en la autosanación de estas personas: «La arteterapia no trabaja tanto con los resultados sino con el proceso, qué es lo que me pasa mientras creo». Al final del taller se le pone título a la obra creada y la autora explica su significado, que es comentado por el resto del grupo.
Una de las participantes, Mónica, de 66 años que cuida de su marido, explica que acudió a estos talleres por «la necesidad de cuidar de mi salud abordando mi malestar de una manera integral». Detalla que en ellos se aborda «de un modo activo las problemáticas que surgen en el acompañamiento de una persona enferma». Eso le ha permitido «un proceso de autoconocimiento sin mediación exclusiva de la palabra pero facilitando el descubrimiento del malestar para nombrarlo» así como compartir experiencias similares «atenuando el sentimiento de soledad que en ocasiones se padece».
Svitlana, de 49 años, lleva haciendo arteterapia desde la primera edición de estos talleres. Tiene una hija con TEA y explica que en las clases trabaja su «parte artística y creativa» además de «desconectar de la rutina diaria aburrida».»Hace muchos años que conozco la arteterapia, desde el juego o cosas simples se puede llegar a la profundidad y aclarar la mente, ver necesidades, descubrir qué te falta para mejorar la vida, las relaciones, el amor propio y el amor hacia los demás… muchísimas cosas», cuenta.

Participantes en este taller de arteterapia / Vincle
También remarca que esta terapia la ayuda a aceptar que «haya personas con falta de empatía, por ejemplo, con mi hija. Aquí trabajamos el amor incondicional. Ellos son así desde su nacimiento, tenemos que ayudarlos». Sobre su experiencia, Svitlana explica que «en este taller no hay ni fronteras ni banderas, solo veo buenas personas cuidadoras, que luchan cada día por sus familiares, personas de gran corazón».
Financiado por Drets Socials
Uno de los problemas del proyecto es su temporalidad. Está financiado por el Departament de Drets Socials de la Generalitat en convocatorias anuales, cosa que condiciona la actividad. La adjudicación pública sale en el primer trimestre del año y luego pasan unos meses hasta que empiezan los talleres, que duran hasta finales año. Tras eso, los profesionales deben esperar una nueva aprobación del proyecto. Sólo la primera edición fue bianual. Por eso lamentan la incertidumbre laboral que tienen.
«Tenemos esta doble dificultad. Llega un momento que la Generalitat nos corta las alas y la intervención queda interrumpida hasta que el proyecto vuelve a adjudicarse. Con un poco de suerte entre primavera y verano del año próximo», afirma Moreno. Vincle aspira a una «temporalidad más larga» y por eso explora otras vías de financiación con otras administraciones que puedan asumir también el servicio.
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