La polimedicación a edades avanzadas es una constante y está relacionada con la presencia de múltiples patologías crónicas. España aumenta cada vez más la esperanza de vida, pero a costa de vivir de forma perenne tomando medicamentos y, por consiguiente, con las preceptivas revisiones médicas. Según el informe la ‘Utilización de fármacos crónicos en personas polimedicadas de 65 y más años’, publicado este miércoles por el Ministerio de Sanidad, casi el 30% (en concreto el 29,7%) de las personas mayores de 65 años está polimedicada: es decir toma cinco o más fármacos crónicos durante el mismo año.
Y el porcentaje aumenta con la edad: del 20,5% en el grupo de entre 65 a 74 años; al 36,8% entre los 75 y 84 años; y al 44,7% entre los 85 y 94 años, es decir, casi el 50%. Pero, curiosamente, en el grupo de 95 años o más, la prevalencia de polimedicación desciende al 30,8%. Por sexos, las mujeres presentan una mayor incidencia (del 30,9%) frente a los hombres (28,3%), una diferencia que se agranda en los tramos de edad más avanzada.
Los fármacos de uso más frecuente son los antiulcerosos (más del 70% los toman, en todos los grupos de edad), los antihipertensivos (entre el 55% y el 70% según la edad) y los modificadores de colesterol y grasas en la sangre (fundamentalmente estatinas), aunque su uso disminuye significativamente a partir de los 95 años. Aunque, de nuevo, hay diferencias por sexo. Las mujeres consumen más medicamentos para salud ósea, tiroides, salud mental y dolor crónico; mientras que en los hombres predominan en el uso de fármacos urológicos, cardiovasculares y antidiabéticos.
Enfermedades
Además, el estudio constata que los pacientes polimedicados sufren más enfermedades crónicas que el resto de la población. Por ejemplo, la insuficiencia cardiaca es siete veces más frecuente, la cardiopatía isquémica, casi cinco veces más y la diabetes mellitus, tres veces más.
También se observa una relación directa entre edad y consumo de ciertos medicamentos: los fármacos antidemencia se utilizan hasta 4,5 veces más en los mayores de 95 años que en el grupo de 65 a 74. Lo mismo ocurre con los diuréticos, antianémicos y anticoagulantes. Por el contrario, el uso de insulinas y estatinas disminuye marcadamente con la edad.
El informe indica que estos resultados demuestran la necesidad de impulsar estrategias de uso racional del medicamento en personas mayores, integrando un enfoque de género y edad. «La identificación de patrones de prescripción no justificados por la morbilidad real [número de personas que enferman] permite planificar intervenciones más eficaces, centradas en la seguridad del paciente, la prevención de interacciones y la mejora de la calidad de vida en las etapas más avanzadas», concluye el estudio.
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