Pablo Noriega tiene 32 años y es médico especialista en Radiología en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) de Oviedo. Este miércoles está en huelga, pero su rutina diaria explica mejor que cualquier consigna por qué él y muchos de sus compañeros han decidido parar.
Su despertador suena a las 7.15 horas. A las 8.00 horas ya está en el hospital. Comienza entonces una jornada que, sobre el papel, debería durar hasta las 15.00 horas. Durante esas siete horas realiza actividad programada: consultas, pruebas diagnósticas y estudios pautados con antelación. “La mañana es intensa, pero asumible”, explica.
Sin embargo, cuando el reloj marca las tres de la tarde y ha cumplido con sus siete horas de trabajo, para él el día no ha hecho más que empezar. “A esa hora no me voy a casa. Me quedo para hacer guardia hasta las 8.00 de la mañana siguiente”, relata. En la práctica, encadena hasta 17 o incluso 24 horas de trabajo continuado, lo que equivale a tres turnos consecutivos. Un sistema que, según explica, solo tienen los médicos y que se mantiene porque resulta más barato que contratar a más personal. “Económicamente compensa más que una sola persona haga guardias que incorporar a tres médicos”, señala.
A partir de las 15.00 horas desaparece la actividad programada. Lo que queda son las urgencias. Y no son pocas. “Es un no parar. En una guardia de 17 horas puedes hacer cerca de 40 estudios”, apunta. Tac, resonancias, ecografías o radiografías que no pueden esperar: emergencias vitales, pacientes que entran por urgencias, pruebas necesarias para decidir una cirugía inmediata o para iniciar un tratamiento urgente.
“La mayoría de las pruebas que hacemos durante la guardia tienen consecuencias directas”, explica Noriega. “Un TAC de abdomen puede significar que un paciente vaya directamente a quirófano. No es solo hacer una imagen, es tomar una decisión clínica con una enorme responsabilidad”.
Durante la noche, Noriega no está solo. Por debajo de él hay tres médicos residentes, en formación. Tampoco duermen. “Se tumban, pero el busca suena constantemente. Es raro que alguien pueda dormir más de dos o tres horas seguidas”, cuenta. “Es un goteo constante de pacientes”.
A las tres de la madrugada el busca vuelve a sonar. Otro aviso. Otro estudio urgente. “Llegas con muchas horas acumuladas, cansado, pero sabes que no puedes fallar. El margen de error es mínimo”, añade.
Cuando finalmente termina la guardia, a las 8.00 de la mañana, el cuerpo pasa factura. En teoría, el médico libra ese día. Pero no siempre. “Si la guardia cae en viernes, no acumulas un día, vuelves el lunes en tu horario habitual”, denuncia. El descanso durante la guardia no está garantizado, ni mucho menos.
Cómputo de horas
A esta sobrecarga se suma una reivindicación clave: las guardias no computan como horas trabajadas de cara a la cotización. “Se consideran trabajo complementario”, explica. Un trabajo que, oficialmente, es voluntario. “Pero no lo es. Se supone que lo pactas, pero no está pactado en ningún sitio”. En Asturias, los médicos realizan entre tres y ocho guardias al mes, dependiendo del hospital.
“Es un sistema que se sostiene a costa del cansancio y la vocación de los médicos”, resume Pablo Noriega. Hoy, como otros profesionales del HUCA, ha decidido hacer huelga para visibilizar una realidad que normalmente ocurre en silencio, de noche y lejos de los focos: jornadas interminables, decisiones críticas y un modelo que, aseguran, ya no es sostenible.
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