Alejandra Durán siempre quiso ser médico. Lo lleva en los genes. Con un abuelo cirujano, un padre traumatólogo y una madre oncóloga, la vocación pesaba lo suyo, admite. Es una de las 35.503 personas –el 75% son mujeres– admitidas para las pruebas de Formación Sanitaria Especializada que se celebran este sábado, 24 de enero. El examen MIR es, sin duda, un momento decisivo. Faltan apenas horas para la prueba y las aspirantes intentan mantener la calma pese al runrún que no cesa sobre qué grado de dificultad tendrá. «Los profesores dicen que nos preparemos para lo peor, pero hay que seguir para adelante», señala Alejandra, quien, sin embargo, mantiene el pesimismo a raya.
Alejandra reflexiona sobre los momentos previos al examen junto a Silvia Martínez Redondo, amiga de siempre y compañera de estudios en la Universidad Europea de Madrid. «Me comparo con otras amigas mías y lo estoy llevando bastante bien. En general, siempre he sido una persona tranquila a la hora de los exámenes. Tengo momentos en los que, de repente, me entra muchísimo agobio pero digo: ‘A ver, tranquilízate. Ya está. Estás haciendo lo que tienes que hacer. Sigue para adelante‘», dice Silvia, madrileña de 24 años.
Es inevitable que te entren los nervios, las dudas, el miedo… y que empieces a dudar de ti misma y a pensar si todo esto merecía la pena
Las aspirantes se preparan en una conocida academia. Les aconsejan que no se estresen. Pero, confiesa Alejandra, los sentimientos van «como una montaña rusa. Hay días que estás a tope, súper arriba y otros te viene el bajón. Estoy bien, bastante motivada, pero es verdad que es inevitable que te entren los nervios, las dudas, el miedo y que empieces a dudar de ti misma y a pensar si todo esto merecía la pena».
Al final, reconoce, entra dentro de la normalidad: «Es un pensamiento con el que tienes que lidiar y debes seguir. Luego lo piensas y dices: ‘Oye, ¡que llevas 6 años de carrera a tu espalda! ¡Que te has graduado en Medicina! ¡Que esto es un trámite más y luego ya es para toda la vida! Tú has hecho todo lo posible y el día del examen ya se verá'», explica.
Examen
«En el MIR tú puedes haber estudiado mucho, saberte tus respuestas y hacer el examen bastante bien. El problema es que no depende de tu nota, sino también de lo que hagan los demás. Por mucho que haya estudiado, si hay 5.000 personas que se han vuelto locas y han estado estudiando día y noche sin parar como si no hubiese un mañana, al final me van a ganar», argumenta Silvia con cierto estoicismo.
A las aspirantes les inquieta la dificultad que, este año, pueda entrañar el examen. Los rumores corren por los grupos de mensajería
A las aspirantes les inquieta la dificultad que este año pueda entrañar el examen. Añade incertidumbre, dice Alejandra, los retrasos que ha habido en la publicación de las listas de admitidos definitivos. Los rumores, claro está, corren por los grupos de mensajería. «Después de todo lo que ha pasado con nuestro MIR, del cambio de hora, de la expulsión de un comité entero, del retraso en las listas de admitidos… la academia nos ha dicho que nos pongamos en lo peor. Nos han estado poniendo simulacros muy difíciles para enfrentarnos a lo que puede venir. No espero que sea fácil, pero tampoco imposible», señala Alejandra.
Vocación
En la familia de Silvia no hay médicos. Pensó en hacer Veterinaria, pero su madre, inspectora de sanidad, la desalentó: «Me dijo que la mayoría de los veterinarios en España acaban trabajando en mataderos y pensé que ni de broma. Entonces me empecé a plantear más la Medicina y, poco a poco, me fue gustando». Su primera idea –»y no me preguntes por qué», advierte– era ser traumatóloga militar. Luego, ya con la carrera avanzada y haciendo prácticas, se dio cuenta de que era Medicina Interna lo que más le gustaba. Lo tiene clarísimo.
Eso sí, matiza que antes la Medicina Interna era mucho más completa, «hacías más cosas». «Ahora está todo el mundo muy especializado», apunta. «Está claro que si vas a un hospital grande harás menos cosas que si vas a uno más pequeño –afirma–. Pero justo para la residencia, cuando estás aprendiendo y la mayor parte del tiempo vas a estar rotando por otras cosas que no son Medicina Interna, probablemente elegiría un gran hospital».
Médico-quirúrgica
Alejandra tiene más dudas sobre la especialidad que quiere elegir. «Quiero que sea médico-quirúrgica, que combine un poco las dos. Otorrinolaringología, por ejemplo, me gusta mucho, además tiene mucho trato con niños, y eso me gusta mucho. Traumatología, como mi padre, también me gusta. Y Ginecología y Obstetricia también me llaman la atención. Y Cirugía General. Esas son mis opciones».
«Me metí en medicina por vocación, pero la vocación no me va a dar de comer», considera Silvia
Reflexión final de las dos jóvenes sobre cómo ven la profesión, en días convulsos, con sus compañeros protagonizando huelgas y movilizaciones contra el Estatuto Marco del Ministerio de Sanidad. «Yo lo veo todo muy negro, porque estoy Madrid. Fuera, me dicen, que no lo está tanto. Quiero hacer la residencia aquí, pero eso me plantea un dilema, porque no sé si prefiero estar aquí en peores condiciones y acabar quemada y hacer como otros médicos que se van a otros países, cosa que también entiendo», considera Silvia.
«A la hora de elegir qué especialidad quiero hacer, todo el mundo me dice que tenga en cuenta la calidad de vida porque, por ejemplo, en Ginecología y Obstetricia las guardias son muy duras. Lo tendré en cuenta. Pero, al final, empiezas esta carrera sabiendo que vas a tener que hacer guardias. No es ninguna novedad y bueno, obviamente, serán duras, pero no es algo que me preocupe. Es lo que hay», concluye Alejandra.
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