Si esta unidad especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) fuera un coche, sería un Formula 1, si fuera una vivienda, sería una casa confortable frente al mar; si fuera un adjetivo, sería esperanza. La Fundació Hospitalàries y el Hospital de Bellvitge, unidos, han logrado que persona -mayoritariamente mujeres- que acumulan tratamientos sin éxito durante años, hayan logrado un éxito del 60% en la superación de su trastorno. Un trastorno en el que la vida misma está en juego, más allá del problema de la alimentación y el peso. El secreto es un tratamiento integral que mira más a la responsabilidad de cada cual que no al peso o a la comida.
Hay una corresponsabilización con el tratamiento entre el paciente y los terapeutas, porque el paciente está aquí voluntariamente, no hay ninguna coerción
La unidad está en Martorell y cuenta con 20 plazas públicas, a las que acceden personas de Catalunya y del resto del Estado cuya trayectoria de intentos fallidos de superación las ha llevado a una cierta cronificación del TCA. Son jóvenes y no tan jóvenes, que disponen de numerosos recursos: apoyo psiquiátrico y psicológico personalizados, terapia ocupacional, fisioterapia, sesiones de mindfulness, trabajadoras sociales y enfermería.
Tener un objetivo de vida
«La idea era qué hacer con casos de larga duración, de veinte y treinta años de duración, con muchísimos intentos fracasados -explica el director de la unidad, el psicólogo clínico Fernando Fernández Aranda– y aquí incidimos no tanto en alimentación y peso sino en funcionalidad, calidad de vida, apoyo social y en tener un objetivo de vida diferente». «Se trata de recuperar esperanza«, añade la doctora en Psicología Núria Jaurrieta, coordinadora de este espacio.

Fernando Fernández Aranda, director de la unidad de recuperación de Trastornos de la Conducta Alimentaria del hospital Fundació Hospitalàries Martorell. / JORDI COTRINA / EPC
Recuperar esperanza es clave en unas mujeres que han tenido a menudo infancias complicadas y, en ocasiones, familias que no han estado al lado y que han claudicado. Se han dado casos de autolesiones e intentos de suicidio. Han perdido mucha autonomía e independencia, porque no pueden escoger qué comen, ni ir a comprar. Además, se dan rasgos de personalidad disfuncionales y una patología dual, en la que no se trata solo de TCA sino de otras problemáticas asociadas. Nueve de cada diez están en paro pese a disponer, muchas de ellas, de carreras universitarias. El TCA les ha impedido llevar a cabo un recorrido profesional convencional.
¿Cómo funciona?
Las mujeres -también algún hombre- están ingresadas durante un período de tres o cuatro meses, y en ocasiones cuentan con permisos para moverse por todo el Hospital de la Fundació Hospitalàries en Martorell, a lo largo este período. No son, sin embargo, permisos ligados a la alimentación correcta, por llamarlo de alguna manera. Se trata de que se toman los permisos cuando ellas se ven preparadas. Y también se programan salidas al exterior vinculadas a la terapia ocupacional.
El control del peso no es el centro de la cuestión. «Hay una corresponsabilización con el tratamiento entre el paciente y los terapeutas, porque el paciente está aquí voluntariamente, no hay ninguna coerción, ni una alimentación por sonda», describe Aranda.
Hay mucha coordinación, antes, durante y después, porque debe haber una continuidad del tratamiento
«¿Qué hacemos aquí de diferente? Trabajamos mucho con la familia, el apoyo social, los objetivos y la esperanza de vida y también nos movemos con las unidades de TCA del resto de Catalunya, porque somos una continuidad», añade el director. Tras este período, como explica Jaurrieta, puede que las pacientes vuelvan a una unidad de TCA de su territorio o a un hospital de día. «Hay mucha coordinación, antes, durante y después, porque debe haber una continuidad del tratamiento«, subraya la doctora en Psicología.
No es una tarea inmediata porque de entrada consiste en romper ciertos moldes o dinámicas a las que ellas están acostumbradas por los ingresos anteriores, más basados en seguir obligatoriamente ciertas pautas.
El resultado
«Los pacientes vuelven a tener esperanza, aceptan que vivirán con esta situación a lo largo de su vida, tienen objetivos de vida, o recuperan un trabajo o unos estudios«, revela el director del centro.
Todo esto es el fruto de un trabajo diario en el que la agenda es intensa pero no apretada. Desde primera hora de la mañana se programan sesiones terapéuticas, talleres vinculados al trabajo social, e incluso ejercicio físico -algo poco habitual en pacientes con problemas de TCA. Otro taller es el de cocina -tampoco muy común dada la relación problemática de las mujeres con la comida.

Una de las sesiones de trabajo con las pacientes en la unidad TCA del Hospital Hospitalàries de Martorell.. / JORDI COTRINA / EPC
El resultado, según el director, es que un 60% de las mujeres recuperan calidad de vida. No se puede habar de curación, cuando se trata de salud mental. Pero la satisfacción del equipo y de las mujeres es evidente en términos de esperanza, de autoestima, de emociones positivas y constructivas.
En este proceso de autoestima el hecho de recuperar tareas de voluntariado, que hace que algunas de ellas, cuando todavía están ingresadas, vayan compaginando este trabajo terapéutico con ciertas ocupaciones fuera del Hospital.
Las vivencias
«Un par de ellas se habían alejado mucho de su rol maternal, por no verse capaces de cuidar a su hijo y, en cambio, cuando vuelven a recuperar esta relación… nos lo agradecen al salir de alta, con un texto, con un mail, y dicen haberse sentido escuchadas, porque aquí tenemos tiempo para ella», explica Jaurrieta sobre los resultados en términos concretos. «Otras han necesitado más tiempo y se les ha concedido, y ha habido un cambio, y la familia lo reconoce, y también los hijos», detalla Aranda.
Otro caso es el de una mujer que estudiaba para ser higienista bucal, y tras el paso por la unidad, logró el título y había sido invitada al almuerzo de Navidad de la empresa. Hizo las prácticas durante su ingreso. El orgullo de ella y de su familia es algo que se llevan Aranda y Jaurrieta como ejemplos de ese 60% de recuperación de la autoestima y del camino hacia la recuperación de las riendas de la propia vida.
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