El accidente de tren en Adamuz el 18 de enero de 2026 pone en evidencia la complejidad de un proceso que va más allá de la simple reconstrucción del siniestro.
Desde el amanecer de este lunes, ingenieros, peritos y forenses formarán una brigada de reconocimiento que avanzará lentamente, palmo a palmo, por cada centímetro del tramo de Adamuz donde ayer se quebró la normalidad del tráfico ferroviario.
Accidente de Adamuz: Protocolo de investigación de las causas
Cuando ocurre un choque de trenes, tras descarrilar uno de ellos, en una recta renovada en mayo de 2025 y con una inversión millonaria, como ocurrió en Adamuz (Córdoba), la primera pregunta es obvia: ¿cómo es posible? La respuesta no llega de inmediato. Debe construirse mediante un protocolo investigativo riguroso, blindado por la ley y liderado por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF).
Para desentrañar el choque de Adamuz, esta comisión debe conservar la escena intacta, acopiar los datos grabados, reconstruir el suceso en un simulador y examinar la infraestructura renovada hace 8 meses. En un año los investigadores tendrán que explicar por qué dos trenes se encontraron en la misma vía.
Cronología de una investigación ferroviaria en 10 pasos
El procedimiento arranca en el mismo lugar del siniestro. Antes de levantar el primer vagón, los técnicos de la CIAF —dotados de rango de autoridad— deben blindar la escena, fotografiar las vías, extraer la “caja negra” (registradores de velocidad, frenado y comunicaciones) y recoger muestras de metal, huellas de rueda y restos de señales. Paralelamente, aíslan los restos del material rodante para evitar la cadena de custodia y entrevistan, bajo anonimato, a maquinistas, interventores y personal de estación. Estos testimonios se cruzan con los datos de los registros de audio de la torre de control.
En los laboratorios, los ingenieros examinan las microfracturas en rieles o agujas, simulando en formato software el trazado real y reproduciendo, con trenes gemelos, las maniobras previas al impacto. Si la vía fue renovada hace ocho meses —como en Adamuz— se revisan los contratos, certificados de obra y auditorías internas de Adif para descartar fallos de proyecto o mantenimiento. La investigación no busca culpables; busca factores determinantes: diseño, procedimientos, formación, climatología o incluso interferencias electromagnéticas.
A los siete días naturales la CIAF notifica a la Agencia Ferroviaria Europea y, en un plazo máximo de doce meses, entrega un informe técnico con recomendaciones obligatorias: cambio de señal, modificación de velocidades, nueva norma de mantenimiento o revisión del sistema de gestión de seguridad. El objetivo final es claro: que el “accidente tremendamente extraño” de Adamuz no se repita nunca más.
Los fallos en infraestructuras críticas no pueden evitarse por completo, pero sí prevenir con una estrategia integral que combine actualización tecnológica, normativa y gestión. En España la resiliencia de los grandes sectores como el transporte será clave para afianzar la seguridad y estabilidad en los próximos años.
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