«Hola, me llamo René Moraleda. Un 14 de febrero fui a visitar a una uróloga y la cita me costó un huevo. Más bien un seminoma, que es el cáncer testicular de los hombres». Esta es una de las frases, que, durante años, ha utilizado Moraleda, hoy a punto de cumplir 46 años, para escenificar, con mucho humor, el diagnóstico que recibió con 32 en una consulta y que, admite, en un primer momento lo dejó tocado y hundido. Hoy, casi 15 años después, se presta a contar su caso para dar visibilidad a un tumor que, dice, está todavía envuelto en estigma.
El cáncer de testículo es el tumor más frecuente en hombres entre 15 y 35 años. Sin embargo, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), abriendo el foco solo al resto de franjas de edad apenas supone el 1% del total de los tumores diagnosticados en varones. En España, se estima que se diagnosticarán 1.705 tumores de este tipo en 2026, según un informe de la sociedad.
14 de febrero
«No sé si es bueno o malo, pero hago muchos chistes sobre eso«, dice René sobre la fecha en la que recibió el diagnóstico. «Un 14 de febrero», repite. «Aquello fue un jarro de agua fría. Entonces, yo estaba pensando qué haría el fin de semana, dónde iría de viaje en verano… en el día a día. Cuando me dijeron que tenía cáncer testicular, que me debían operar de urgencia porque no sabían si lo tenía en más sitios del cuerpo, lógicamente, me dio un bofetón de realidad: ‘¡Ay Dios mío –me dije–, que se acaba este juego y todavía no lo he empezado ni a jugar’!».
Una vez operado, a René le ofrecieron la opción de ponerse una prótesis: «Pero lo tuve muy claro y no quise»
Tras el diagnóstico, René se recuerda a sí mismo llorando, bajando las cuatro plantas del hospital madrileño donde lo atendieron. Cuenta que entonces decidió llamar a un amigo para contarle la noticia. «Me dijo que no podía hacer otra cosa nada más que salir para adelante. Y ahí es cuando saqué mucho humor negro, mucha ironía«, señala.
El «pudor» de ir al urólogo
Explica que desde hacía un tiempo notaba que tenía «una cosa ahí». Una «cosa» que fue dejando hasta que un día se convirtió en 5,5 centímetros de tumor. «Cuando me estaba haciendo la exploración, la médica estaba blanca. Por eso me operaron de urgencia. Lo fui dejando, por estupidez. Por eso hago tanto hincapié en ir al médico en cuanto se note alguna cosa extraña. Hay que quitarse ese pudor de ir al urólogo. Es importante», dice.
René tenía un seminoma, una clase de cáncer testicular que se origina en las células germinales del testículo, las que son responsables de la producción de espermatozoides. Representa aproximadamente entre el 40% y el 45% de todos los casos de este tipo de tumor. Una vez operado, le ofrecieron la opción de ponerse una prótesis. «Pero lo tuve muy claro y no quise. Eso de pensar que entro en el mar y tengo algo que flote más que yo no me parecía muy cómodo», admite, irónico.
«Cuando dije a mi empresa que tenía cáncer, mi contrato se rescindió, mágicamente»
Entonces, cuando recibió el diagnóstico, trabajaba en una empresa de seguridad de alarmas. «Cuando les dije que tenía cáncer, mi contrato se rescindió. Mágicamente. Supongo que en esa empresa solo querían a personas con dos huevos y, como ya me faltaba uno, pues ya no daba la talla, o yo qué sé. Empresas así, cuanto más lejos, mejor», ironiza.
Hablar de lo suyo
Años después decidió contar su experiencia –con humor, claro– en un libro titulado ‘El cáncer de los cojones’. En él comparte su viaje para superar la enfermedad. Describe con franqueza su experiencia y brinda consejos y técnicas para sobrellevar el estrés del cáncer, incluida la risoterapia de uno mismo.
«Me hice una lista de despedida para todo el mundo porque puse en Google seminoma y era un dramón leer lo que se decía»
«Cuando te dicen que tienes cáncer, te das cuenta de que la vida tiene más implicaciones. ¿Qué pasa con la familia? ¿Qué pasa contigo? ¿Y con esos sueños que estás postergando? ¿A quién le has pedido perdón y a quién no? Me hice una lista de despedida para todo el mundo porque puse en Google seminoma y era un dramón leer lo que decía», rememora René. Ahora, añade, existe mucha más información. «Ya se sabe que del cáncer testicular se sale, que cuando te dan la quimio no te vas a quedar sordo, que vas a poder tener hijos… no es tan catastrófico».
Visibilidad
Hoy, ya con el alta de la enfermedad que le dieron a los diez años de haberla superado, trabaja en telecomunicación y, siempre que puede, colabora con la Asociación Española contra el Cáncer o imparte charlas para dar visibilidad al tumor que padeció. «Hablo sobre cómo hablarlo con la familia y ver que es una cosa natural –apunta–. También me han contactado mucho, fuera de la asociación, madres que no saben cómo decirles a sus hijos que tienen que explorarse«.
A René, «el cáncer de los cojones» le valió para darse cuenta de «lo efímeros que somos y lo importante que es tener un buen círculo». «Hay que disfrutar la vida. Que el tiempo pasa rapidísimo. La vida se va». Otra cosa, añade, para él muy importante fue decir: «Tengo que estar bien para que mi familia esté bien». ¿Y quién no puede tirar de ese humor tan envidiable del que él hace gala para atravesar la enfermedad? Dice que cada cual lo vive como puede. «Si lo quieres pasar en drama total, es totalmente correcto y no pasa nada. Yo te respeto. Ambas formas son perfectas».
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