José Antonio Jiménez Giménez es de Zaragoza, trabaja como policía nacional en su ciudad natal desde 2008 y es “gitano por los cuatro costados”. Graduado en Trabajo Social por la Universidad de Zaragoza y en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Internacional de La Rioja, pero también es marido de una gitana y padre de dos hijos gitanos. Ha recibido múltiples reconocimientos y premios por ser un referente de los derechos humanos y la inclusión.
El agente José Antonio Jiménez ha recibido la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco en 2025. ARCHIVO PARTICULAR J.A.J.
Como “policía gitano visible”, ejerce de mediador natural, estrechando vínculos entre su comunidad y el sistema. José Antonio es especialista en delitos de odio y secretario de la Red Gitana Universitaria CampusRom. Este martes, 24 de febrero, recibirá el Premio Fundación Secretariado Gitano 2025 por su labor transformadora. Jiménez Giménez representa la unión entre el rigor institucional y el compromiso social.
― P: ¿Sientes que por ser gitano la sociedad te exige ser el mejor para ser considerado simplemente «uno más»?
― R: En el ámbito policial he recibido mucho cariño y me han tratado con los brazos abiertos; he aprendido de mis compañeros y ellos han querido aprender de mi cultura. Pero fuera, en la sociedad mayoritaria, la sensación es distinta. Tenemos la sensación de tener que justificarnos constantemente frente a prejuicios y estereotipos. Hay que demostrar que somos trabajadores o que somos buenas personas. Existe ese plus de exigencia: tener que «probar la carga» de que no somos lo que el prejuicio dice. Incluso he oído comentarios de civiles diciendo que me han regalado la oposición por ser gitano. Al principio te ríes, pero luego entiendes que detrás hay un acto discriminatorio.
― P: Se dice que hay policías gitanos que prefieren no hacer pública su identidad. ¿Es así?
― R: Conozco casos y me da pena, aunque los respeto. Entras en este mundo con 22 años y, como mecanismo de defensa para evitar comentarios que te dejen «hecho polvo», decides no decir nada. Pero así también se sufre, especialmente cuando escuchas ataques contra tu comunidad y callas. Yo les aconsejo que lo digan. Hay que normalizarlo. Nuestra presencia mejora la imagen de la institución y ayuda a explicar que la comunidad gitana no es homogénea, sino heterogénea, y que muchos problemas que se tachan de «culturales» están en realidad ligados a la escasez de recursos y factores socioeconómicos.
El agente Jiménez con su esposa y sus hijos. ARCHIVO PARTICULAR J.A.J.
― P: ¿Qué valores definen realmente esa identidad de la que te sientes tan orgulloso?
― R: Te hablo desde mis vivencias: soy gitano por los cuatro costados. Nos une el respeto a los mayores, la unión familiar, el sentirse arropado y el respeto a los fallecidos. También la lengua, el romaní o el caló. Pero lo que me preocupa es que la sociedad mayoritaria mete todo en el mismo saco. Hay que diferenciar qué es conducta individual o socialización familiar y qué es cultura.
― P: ¿Cómo fue decir en su casa, en los años 80-90, que quería ser policía?
― R: Yo vengo del barrio de la Magdalena, en Zaragoza, donde vi los estragos de la heroína muy de cerca. El contacto con la policía entonces era de mucha intervención y distancia. Pero mis padres me apoyaron. Mi padre, pintor de brocha gorda, siempre me dijo: «Seáis lo que seáis, sed buenas personas y sed gitanos». Para nosotros, ser gitano es un piropo porque es sinónimo de respeto, valores y solidaridad.
José Antonio junto a su familia y algunos mandos policiales en la Sala de la Corona del edificio Pignatelli de Zaragoza celebrando los 600 años de la entrada del Pueblo Gitano en España el pasado 12 de noviembre. ARCHIVO PARTICULAR J.A.J.
― P: ¿Te ha servido ese «código cultural» para resolver situaciones críticas de servicio?
― R: Mucho. Recuerdo una intervención muy tensa en una zona de chabolas con dos familias enfrentadas. La situación iba camino de acabar con detenidos. Pedí permiso a mi superior para hablar con ellos. Les pedí que se olvidaran de mi uniforme, les dije de qué familia venía yo y les hablé como gitano. Me entendieron, mantuvieron la calma y replegamos el dispositivo sin un solo incidente. El jefe me lo agradeció y la familia, tiempo después, me dio un abrazo dándome las gracias por la paz de aquel día.
― P: ¿Qué le dices a un joven gitano que teme «perder su esencia» si entra en la Policía?
― R: Que jamás la va a perder. Al revés, la formación te hace ser «más gitano» porque te da herramientas argumentativas para defender lo que eres. Es vital que ocupemos espacios en la administración para que quienes trabajan con nuestra comunidad entiendan realmente nuestra realidad.
― P: También imparte formación para eliminar estereotipos. ¿Cuál es el prejuicio más difícil de erradicar y qué herramienta ofrece para combatirlo?
― R: Formo a funcionarios públicos y profesionales que trabajan con comunidades vulnerabilizadas. El mayor reto es entender que la comunidad gitana no es homogénea. Explico que no todo lo que se hace o dice es «por ser gitano»; muchas veces son procesos derivados de la escasez de recursos o factores socioeconómicos. Mi herramienta es la profesionalidad, entender qué elementos subyacen a una conducta para no etiquetarla erróneamente como algo cultural.
― P: Como experto en delitos de odio, ¿cómo logra que una víctima vuelva a confiar en el sistema?
― R: Es difícil. En Zaragoza contamos con un equipo muy sensibilizado. Lo primero es generar un clima de confianza antes de entrar en la comisaría. Nos tomamos un café, les explico quién es mi familia, los acompaño personalmente a denunciar y les informo con total transparencia de todo el proceso jurídico. Tienen que sentirse como en casa.
― P: ¿Por qué el término «antigitanismo» sigue siendo desconocido para la mayoría?
― R: Es preocupante. La comunidad gitana es el grupo más discriminado en España y Europa. Llevamos 600 años aquí; todo el mundo sabe qué es el Ramadán, pero casi nadie sabe qué es el 8 de abril (Día Internacional del Pueblo Gitano). El racismo existe; negarlo es un fracaso como sociedad. Tenemos leyes, como la de Igualdad de Trato y No Discriminación de 2022, pero a fecha de 2026 su desarrollo normativo aún es lento. Algo falla.
Aun así, soy optimista. Se está legislando mejor y la Policía está cada vez más sensibilizada. Yo no quiero irme de este mundo sin haber ayudado. Lo material se queda aquí; lo que dejas finalmente en el mundo es el servicio que ofreciste a otros como persona, como gitano y como humano.
José Antonio Jiménez Giménez no necesita que su placa pese más que sus apellidos gitanos porque ha logrado que ambas piezas sean fundamentales en el engranaje de una justicia más humana. Este «policía gitano» explica a las claras que la verdadera seguridad no nace del miedo, sino de ese café compartido con el que teme denunciar antes de entrar en comisaría o del abrazo de un vecino que, por fin, se siente comprendido.
José Antonio sabe que aún quedan muchos «ochos de abril» por explicar, pero tiene muy claro que su mejor servicio a la sociedad es ser fiel a su esencia, la esencia de un hombre que camina con el rigor de la ley en la mano y el orgullo de su pueblo en el corazón.
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