«Cada vez más tenemos la sensación de confundir la desatención vinculada con el uso excesivo de las pantallas con los síntomas de un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)». Lo dice la psicóloga Gemma García, jefa de la subsección de la intervención de drogodependencias del Centre Spott, de la Diputació de Barcelona. Los síntomas visibles son «muy similares»: dificultad para concentrarse, distracción constante, impulsividad, inquietud y baja tolerancia al aburrimiento.
Sin embargo, son cosas diferentes. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que debe ser diagnosticado en un contexto clínico. Hay «diferencias claras» entre un TDAH y la desatención causada por las pantallas. «Por ejemplo, cuando es esto último, vemos que los síntomas mejoran claramente cuando reducimos el tiempo de la pantalla, recuperamos ritmos de sueño y hay un espacio más estructurado. Por otro lado, en un diagnóstico de TDAH, las dificultades de atención son persistentes y aparecen en todos los contextos aunque reduzcamos la exposición a las pantallas», precisa García.
«Cuando es falta de atención por las pantallas, los síntomas mejoran claramente cuando reducimos el tiempo de uso y recuperamos ritmos de sueño»
Los síntomas del TDAH normalmente se dan «en la primera infancia» y son «más o menos estables» a lo largo del tiempo. «La evidencia científica prueba que cuando hay un uso excesivo e inapropiado de las pantallas, sobre todo en niños, hay una gran dificultad para mantener la atención sostenida», destaca esta psicóloga. El cerebro infantil, prosigue, «no está diseñado» para gestionar «estímulos constantes, rápidos y muy intensos», como los que se dan en las pantallas.
Desatención también en adultos
Estos estímulos «preparan» al cerebro para funcionar con «respuestas muy rápidas y frenéticas» y así es como el niño desarrolla una «atención parcial». «Hay padres que te dicen: ‘Mira mi niño, qué atento está a la pantalla’. Pero tenemos que tener en cuenta que esa atención es muy parcial, continuada con los estímulos que está recibiendo. No es la atención necesaria para desarrollar el trabajo cognitivo. La maduración cognitiva necesita de una atención sostenida y mantenida con el tiempo», dice García.
«Hay mucha desatención por culpa de las redes sociales y eso se confunde a menudo con el TDAH: una persona puede tener una falta de atención y no por eso tener TDAH»
Cree también que la sobreestimulación de las pantallas también está afectando a franjas de edades adultas. «El estar continuamente sobrecargados y en ‘modo multitarea’ tiene un impacto en las funciones ejecutivas o cognitivas, que se localizan más en el área del córtex frontal. Estas tienen que ver con las capacidades para la memoria de trabajo, para procesar y organizar información, para planificar, controlar la atención y autorregularnos», ilustra García. Las pantallas, además, interrumpen los ritmos del sueño —»Estamos hiperconectados durante la noche»— y en la interacción social.
Síntomas del TDAH
El principal síntoma del TDAH, trastorno que tiene varios subtipos, es la «inatención»: dificultad para mantener la atención, no ser capaz de seguir una conversación o interrumpir, dificultad para organizarse, pérdida de cosas, fácil distracción, el no acabar las tareas… Deben darse seis o más síntomas, estar presentes en dos o más contextos (escuela, casa, amigos, trabajo) y deben interferir en el funcionamiento académico o laboral de forma significativa», apunta García.
Según la experta en psicología infantil Estefanía Hita, docente de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), «hay mucha desatención por culpa de las redes sociales» y eso «se confunde a menudo con el TDAH». «La desatención no es algo que esté siempre relacionado con el TDAH. Una persona puede tener una falta de atención y no por eso tener TDAH», matiza. Hita subraya que, para el diagnóstico del TDAH es necesaria una valoración del centro educativo y del centro clínico.
Cree que la razón por la que en la actualidad también se está diagnosticando TDAH a personas adultas es porque, años atrás, «no había tantos diagnósticos clínicos» o estos «no estaban tan avanzados» como en la actualidad. Aunque reconoce que la desatención no relacionada con el TDAH también afecta a los adultos debido a que las redes sociales «fomentan mucho el vídeo corto«, consumido «de manera rápida y automática». «Nuestra atención cada vez es más fragmentada», concluye.
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