{"id":22368,"date":"2025-11-12T08:35:10","date_gmt":"2025-11-12T08:35:10","guid":{"rendered":"https:\/\/blogemergencias.es\/index.php\/2025\/11\/12\/el-estres-de-los-padres-puede-afectar-al-desarrollo-intelectual-y-emocional-de-sus-hijos\/"},"modified":"2025-11-12T08:35:10","modified_gmt":"2025-11-12T08:35:10","slug":"el-estres-de-los-padres-puede-afectar-al-desarrollo-intelectual-y-emocional-de-sus-hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogemergencias.es\/index.php\/2025\/11\/12\/el-estres-de-los-padres-puede-afectar-al-desarrollo-intelectual-y-emocional-de-sus-hijos\/","title":{"rendered":"El estr\u00e9s de los padres puede afectar al desarrollo intelectual y emocional de sus hijos"},"content":{"rendered":"<div><!--[--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">Sof\u00eda est\u00e1 en el parque con su hija de cinco a\u00f1os. Tiene el m\u00f3vil en una mano y con la otra busca papeles del trabajo en el bolso. Est\u00e1 tensa. Su voz suena entrecortada cuando responde a su peque\u00f1a, que corre a ense\u00f1arle algo del arenero. \u201cNo puedo ahora, Emma\u201d, le dice sin mirarla. Minutos despu\u00e9s, la ni\u00f1a se frustra, tira la pala y empieza a gritar. La tensi\u00f3n de una contagia a la otra, en un bucle silencioso.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><\/p>\n<aside class=\"ft-ad ft-ad--roba ft-ad--robaNotext ft-helper-hide-md\"\/><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">Escenas como esta son m\u00e1s comunes de lo que parece. Y no resultan inocuas, precisamente. Numerosas investigaciones destacan que en estos primeros a\u00f1os el cerebro infantil es altamente susceptible a factores biol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos y ambientales. Y entre ellos, el estr\u00e9s de los padres ha emergido como un importante riesgo para que el desarrollo temprano se produzca adecuadamente.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><\/p>\n<aside class=\"ft-ad ft-ad--intext ft-helper-hide-md\"\/><!--]--><!--[--><\/p>\n<aside class=\"ft-ad ft-ad--intext  ft-helper-hide-xs\"\/><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><\/p>\n<h3 class=\"ft-helper-spacer-t-xs ft-helper-fontSize-heading-XS\">La ventana de vulnerabilidad<\/h3>\n<p><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">Durante los dos primeros a\u00f1os de vida,\u00a0<u><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1038\/nrn.2018.1\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">el cerebro crece y se organiza a una velocidad sin precedentes<\/a><\/u>, a trav\u00e9s de procesos como la sinaptog\u00e9nesis (formaci\u00f3n de nuevas conexiones neuronales), la mielinizaci\u00f3n (recubrimiento de los axones de las c\u00e9lulas nerviosas para acelerar impulsos) y la formaci\u00f3n de redes neuronales funcionales. Por eso se considera esta etapa como un periodo crucial para el establecimiento de las capacidades cognitivas y comportamentales que perdurar\u00e1n a lo largo de la vida.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">En consecuencia, las condiciones ambientales \u2013como la presencia de estr\u00e9s cr\u00f3nico en el hogar\u2013 pueden alterar las trayectorias de maduraci\u00f3n cerebral. De hecho,\u00a0<u><a href=\"https:\/\/jamanetwork.com\/journals\/jamanetworkopen\/fullarticle\/2791732\" class=\"ft-link ft-link--decoration broken_link\" rel=\"nofollow\">diversas investigaciones han mostrado<\/a><\/u>\u00a0que beb\u00e9s nacidos de madres con altos niveles de estr\u00e9s fisiol\u00f3gico presentan patrones de actividad cerebral at\u00edpicos para su edad.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><\/p>\n<aside class=\"ft-ad ft-ad--roba ft-ad--robaNotext ft-helper-hide-md\"\/><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">En particular, el estr\u00e9s cr\u00f3nico materno (medido a trav\u00e9s de cortisol en el cabello)\u00a0<u><a href=\"https:\/\/pubmed.ncbi.nlm.nih.gov\/32329125\/\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">se asocia<\/a><\/u>\u00a0con una maduraci\u00f3n cerebral m\u00e1s lenta. Esta se manifiesta en el electroencefalograma por una menor actividad en rangos de frecuencia altos (ondas alfa y gamma) y mayor actividad en rangos bajos (theta). Son alteraciones que pueden generar consecuencias cognitivas duraderas.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">De hecho, sin un adulto que ofrezca contenci\u00f3n y apoyo, el estr\u00e9s agudo (por ejemplo, el derivado de pobreza extrema, maltrato o depresi\u00f3n materna severa)\u00a0<u><a href=\"https:\/\/developingchild.harvard.edu\/resources\/videos\/toxic-stress-derails-healthy-development\/\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">puede debilitar la arquitectura del cerebro en desarrollo<\/a><\/u>, con consecuencias negativas a largo plazo en el aprendizaje y otras funciones cognitivas.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><\/p>\n<aside class=\"ft-ad ft-ad--intext ft-helper-hide-md\"\/><!--]--><!--[--><\/p>\n<aside class=\"ft-ad ft-ad--intext  ft-helper-hide-xs\"\/><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">No es sorprendente, entonces, que el desempe\u00f1o cognitivo infantil se resienta cuando el ambiente familiar est\u00e1 muy tensionado. Los ni\u00f1os en edad preescolar con mayores dificultades en sus funciones ejecutivas (como la memoria de trabajo, el control de impulsos o la flexibilidad cognitiva)\u00a0<u><a href=\"https:\/\/www.psychologytoday.com\/es\/blog\/como-afecta-el-estres-parental-los-ninos\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">tienden a presentar niveles elevados de cortisol<\/a><\/u>, al igual que sus padres.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">En este c\u00edrculo vicioso, el estr\u00e9s de los cuidadores eleva el de los peque\u00f1os, lo que a su vez puede mermar su capacidad de autorregulaci\u00f3n cognitiva.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><\/p>\n<aside class=\"ft-ad ft-ad--roba ft-ad--robaNotext ft-helper-hide-md\"\/><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><\/p>\n<h3 class=\"ft-helper-spacer-t-xs ft-helper-fontSize-heading-XS\">Impacto emocional<\/h3>\n<p><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">El estr\u00e9s de mam\u00e1 o pap\u00e1 no solo afecta al intelecto infantil: tambi\u00e9n moldea profundamente su mundo emocional y social. Criarse en un hogar con niveles altos de tensi\u00f3n\u00a0<u><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1016\/j.jped.2024.02.003\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">se ha vinculado<\/a><\/u>\u00a0con todo tipo de problemas emocionales y de comportamiento en los ni\u00f1os, como agresividad, ansiedad y s\u00edntomas depresivos. Los investigadores incluso han observado que los hijos de padres que reportan elevados niveles de estr\u00e9s durante el primer a\u00f1o de crianza\u00a0<u><a href=\"https:\/\/bmcpublichealth.biomedcentral.com\/articles\/10.1186\/s12889-020-09861-5\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">tienen el doble de probabilidades de presentar problemas de salud mental hacia los tres a\u00f1os de edad<\/a><\/u>.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">Una raz\u00f3n es el deterioro de las interacciones afectivas. Padres cr\u00f3nicamente estresados se muestran con frecuencia m\u00e1s irritables, menos pacientes y menos sensibles a las se\u00f1ales emocionales de sus hijos. La ciencia del apego nos dice que cuando un progenitor est\u00e1 sobrepasado, le cuesta m\u00e1s ofrecer el cuidado sensible y responsivo que un beb\u00e9 o un ni\u00f1o peque\u00f1o necesita.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">Esto puede derivar en un apego inseguro del menor hacia sus padres; es decir, no siente plena seguridad o confianza en la disponibilidad emocional del adulto. Esto\u00a0<u><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41598-019-47810-4\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">se ha relacionado estrechamente<\/a><\/u>\u00a0con problemas conductuales en la etapa preescolar y un peor ajuste emocional.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">Tambi\u00e9n\u00a0<u><a href=\"https:\/\/pubmed.ncbi.nlm.nih.gov\/36337491\/\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">se ha demostrado<\/a><\/u>\u00a0que los ni\u00f1os pueden \u201ccontagiarse\u201d del estado emocional de sus cuidadores. La tensi\u00f3n constante en el rostro, la voz o las acciones bruscas de mam\u00e1 o pap\u00e1 act\u00faan como un mensaje no verbal que el ni\u00f1o interioriza, gener\u00e1ndole a menudo inestabilidad emocional.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><\/p>\n<h3 class=\"ft-helper-spacer-t-xs ft-helper-fontSize-heading-XS\">El poder de la resiliencia<\/h3>\n<p><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">Resulta evidente que las dimensiones cognitiva y emocional del desarrollo infantil est\u00e1n \u00edntimamente entrelazadas con el bienestar de sus cuidadores. Cuando los padres se sienten abrumados, los ni\u00f1os lo sienten y lo reflejan en su desarrollo: puede verse en conexiones neuronales que maduran m\u00e1s lentamente, en palabras que tardan en llegar, en rabietas que se vuelven frecuentes o en miedos dif\u00edciles de calmar.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!----><!----><!--]--><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><!--[--><\/p>\n<p class=\"ft-text\">La buena noticia es que este impacto no tiene por qu\u00e9 ser permanente.\u00a0<u><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1111\/famp.13067\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">Las investigaciones sugieren<\/a><\/u>\u00a0que diversos factores pueden moderar o amortiguar los efectos del estr\u00e9s parental. Por ejemplo, contando con redes de apoyo familiar y social, recibiendo ayuda en la crianza o aprendiendo t\u00e9cnicas de manejo de estr\u00e9s. As\u00ed,\u00a0<u><a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1186\/s40359-025-02575-6\" class=\"ft-link ft-link--decoration\" rel=\"nofollow\">un estudio reciente<\/a><\/u>\u00a0revel\u00f3 que la resiliencia familiar \u2013la capacidad de la familia para adaptarse positivamente a la adversidad\u2013 atenuaba significativamente el impacto negativo del estr\u00e9s materno en el desarrollo del ni\u00f1o.<\/p>\n<p><!--]--><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--[--><!----><!----><\/p>\n<div class=\"ft-embed\">\n<div class=\"ft-embed__item\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/counter.theconversation.com\/content\/267773\/count.gif?distributor=republish-lightbox-advanced\" alt=\"The Conversation\" width=\"1\" height=\"1\" style=\"border: none !important; box-shadow: none !important; margin: 0 !important; max-height: 1px !important; max-width: 1px !important; min-height: 1px !important; min-width: 1px !important; opacity: 0 !important; outline: none !important; padding: 0 !important\" referrerpolicy=\"no-referrer-when-downgrade\"\/><\/div>\n<\/div>\n<p><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!----><!--[--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--[--><!----><!--]--><!--]--><!----><!----><!--]--><!--]--><!--[--><!----><!--[--><!--]--><!----><!--[--><!----><!----><!----><!--]--><span\/><!--]--><\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elperiodico.com\/es\/sanidad\/20251112\/estres-padres-afectar-desarrollo-intelectual-123610433?utm_source=rss-noticias&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=sanidad\" class=\"broken_link\">source<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sof\u00eda est\u00e1 en el parque con su hija de cinco a\u00f1os. 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