El incremento de los microterremotos bajo el complejo volcánico del Teide activa los protocolos de vigilancia, aunque los científicos insisten en que no existe un mayor riesgo de erupción a corto o medio plazo
La vigilancia permanente de la actividad sísmica y volcánica constituye uno de los pilares fundamentales de la gestión del riesgo en un territorio tan singular como el archipiélago canario. Durante los últimos días, el aumento de la actividad sísmica detectada bajo la isla de Tenerife ha motivado que el Instituto Geográfico Nacional (IGN) remitiera un aviso al Servicio de Protección Civil del Gobierno de Canarias, siguiendo los protocolos establecidos para este tipo de situaciones.
La noticia ha despertado un lógico interés entre la población al asociarse inmediatamente los términos «actividad sísmica» y «volcán». Sin embargo, tanto el propio IGN como los investigadores especializados en vulcanología han lanzado un mensaje inequívoco: el episodio registrado no implica un incremento del peligro de una erupción volcánica a corto ni a medio plazo.
Lejos de representar una situación excepcional o inesperada, este episodio forma parte de la intensa vigilancia científica que desde hace años se mantiene sobre el edificio volcánico Teide-Pico Viejo, uno de los sistemas volcánicos más monitorizados de Europa. La detección de variaciones en la sismicidad permite conocer mejor el comportamiento interno del volcán y facilita la toma de decisiones preventivas mucho antes de que pudiera existir cualquier riesgo real para la población.
Comprender qué ha ocurrido realmente, por qué se emitió el aviso y cómo funcionan los protocolos de Protección Civil resulta esencial para interpretar correctamente una noticia que, pese a su impacto mediático, debe analizarse desde una perspectiva científica y no alarmista.
El IGN detecta un incremento significativo de la actividad sísmica bajo el oeste de Las Cañadas del Teide
El episodio comenzó a llamar la atención de los técnicos durante la madrugada del fin de semana, cuando las estaciones de vigilancia sísmica comenzaron a registrar un incremento notable de eventos de baja magnitud bajo la isla de Tenerife.
Según los datos facilitados por el Instituto Geográfico Nacional, durante apenas 48 horas se contabilizaron 221 eventos sísmicos, muchos de ellos de muy baja magnitud y prácticamente imperceptibles para la población. De ese conjunto, decenas pudieron localizarse con precisión gracias a la extensa red instrumental desplegada en la isla.
Los terremotos se concentraron principalmente en el sector occidental de Las Cañadas del Teide, afectando especialmente al entorno de los municipios de Guía de Isora, Santiago del Teide y Vilaflor, con hipocentros situados aproximadamente entre 10 y 15 kilómetros de profundidad. Aunque la cifra pueda parecer elevada para quien no está familiarizado con la sismología volcánica, los especialistas recuerdan que este tipo de enjambres sísmicos ya se han observado anteriormente en Tenerife y forman parte del comportamiento habitual del sistema volcánico.
Más de diez terremotos en una hora activaron el protocolo establecido
Lo que realmente motivó el aviso enviado a Protección Civil no fue la magnitud de los terremotos, sino la rapidez con la que comenzaron a producirse. Durante uno de los pulsos de actividad se registraron más de diez eventos sísmicos en aproximadamente una hora, un umbral que los protocolos internos del IGN consideran suficiente para comunicar la situación a los responsables de Protección Civil del Gobierno de Canarias.
Este procedimiento no significa que exista una emergencia ni implica automáticamente un cambio en el nivel de alerta volcánica. Al contrario, constituye una medida preventiva contemplada en los planes de vigilancia científica para garantizar que todas las administraciones implicadas dispongan de la misma información en tiempo real.
Fuentes del propio Instituto Geográfico Nacional han explicado que este tipo de comunicaciones ya se habían realizado en ocasiones anteriores, aunque hasta ahora no trascendían públicamente con la misma frecuencia.
Una combinación de eventos volcano-tectónicos, híbridos y de baja frecuencia
Uno de los aspectos más interesantes del episodio registrado es la naturaleza de los terremotos detectados. Los técnicos del IGN identificaron tres tipos principales de señales sísmicas:
Eventos volcano-tectónicos
Son terremotos producidos por la fracturación de las rocas cuando cambian los esfuerzos existentes en el interior del edificio volcánico, no implican necesariamente movimiento de magma. En muchas ocasiones responden simplemente a reajustes naturales de la corteza terrestre.
Eventos híbridos
Presentan características intermedias entre un terremoto convencional y una señal relacionada con el movimiento de fluidos. Su interpretación requiere un análisis conjunto con otros parámetros geofísicos, ya que por sí solos no permiten establecer un incremento del riesgo eruptivo.
Eventos LP (Long Period)
Los llamados terremotos de baja frecuencia suelen asociarse al movimiento de fluidos -como gases volcánicos o fluidos hidrotermales- en profundidad. Precisamente este tipo de señales generó gran parte de la atención científica durante el episodio. Sin embargo, el IGN insiste en que la simple presencia de eventos LP no significa que exista magma ascendiendo hacia la superficie, ya que pueden producirse por numerosos procesos internos del sistema volcánico.
El mensaje de los expertos: vigilancia reforzada, pero sin indicios de una erupción inminente
Uno de los aspectos más importantes del comunicado emitido por el Instituto Geográfico Nacional es el mensaje dirigido tanto a las administraciones como a la ciudadanía. Pese al incremento de la actividad sísmica, los científicos consideran que no existen evidencias que indiquen un aumento del peligro de erupción a corto o medio plazo. Esta afirmación no responde únicamente al análisis de los terremotos.
Los expertos evalúan simultáneamente numerosos indicadores, entre ellos:
- la deformación del terreno
- las emisiones de gases volcánicos
- la geoquímica
- las variaciones en la gravedad
- la temperatura del subsuelo
- el comportamiento conjunto de toda la red instrumental
Solo cuando varios de estos parámetros evolucionan de forma compatible con una posible intrusión magmática se considera que podría estar produciéndose un cambio significativo en el estado del sistema volcánico. En el episodio actual, esa situación no se ha producido, motivo por el cual los organismos científicos mantienen un mensaje de tranquilidad acompañado de una vigilancia continua.
Comprender la naturaleza volcánica de Tenerife permite interpretar correctamente la actividad sísmica registrada
Para entender por qué un incremento de la actividad sísmica no debe asociarse automáticamente con una erupción inminente, resulta imprescindible conocer cómo funciona el sistema volcánico de Tenerife. La isla constituye uno de los edificios volcánicos más complejos del planeta. Su origen es el resultado de millones de años de actividad magmática que han ido construyendo sucesivas estructuras volcánicas hasta dar lugar al actual complejo Teide-Pico Viejo, situado en el interior del Parque Nacional del Teide.
Aunque la imagen más conocida sea la del Teide como una montaña aislada, la realidad geológica es mucho más compleja. Bajo la superficie existe una extensa red de fracturas, reservorios magmáticos, sistemas hidrotermales y conductos que evolucionan continuamente como consecuencia de los procesos internos de la Tierra.
Lejos de encontrarse «apagado», el sistema permanece activo desde el punto de vista geológico. Esto no significa que esté próximo a entrar en erupción, sino que continúa experimentando pequeños reajustes internos que forman parte de su evolución natural. Precisamente por esta razón, Tenerife cuenta con uno de los programas de vigilancia volcánica más completos de Europa.
Un volcán activo no significa un volcán en erupción
Uno de los errores más frecuentes consiste en interpretar el término volcán activo como sinónimo de un volcán que está a punto de entrar en erupción. Desde un punto de vista científico, un volcán activo es aquel que ha presentado actividad eruptiva en tiempos geológicamente recientes y que conserva la capacidad de volver a hacerlo en el futuro.
El Teide cumple plenamente esa definición. Su última erupción no se produjo en el propio cono principal, sino en el edificio volcánico de Narices del Teide, en el año 1798, mientras que la erupción histórica más reciente de Tenerife tuvo lugar en Chinyero, en 1909. Desde entonces, la isla no ha vuelto a experimentar una erupción, aunque sí ha registrado numerosos episodios de actividad sísmica, deformaciones del terreno y variaciones geoquímicas que forman parte del comportamiento habitual de un sistema volcánico activo. Los investigadores subrayan que estos procesos son precisamente los que permiten estudiar el volcán y comprender mejor su evolución.
El precedente de 2016
Uno de los ejemplos más ilustrativos ocurrió en 2016, durante aquel periodo también se registró un incremento significativo de la actividad sísmica bajo el complejo Teide-Pico Viejo, acompañado de pequeñas variaciones geoquímicas y emisiones de gases. Aquella situación generó un importante esfuerzo científico para mejorar los modelos de vigilancia.
Finalmente, el episodio remitió sin producir ninguna erupción. Los especialistas recuerdan este antecedente porque demuestra que la existencia de enjambres sísmicos no implica necesariamente una evolución hacia un proceso eruptivo. Cada episodio constituye una oportunidad para conocer mejor el funcionamiento interno del volcán.
Una red instrumental capaz de detectar cambios imperceptibles para la población
La vigilancia volcánica moderna va mucho más allá de registrar terremotos. Actualmente, Tenerife dispone de una compleja infraestructura científica diseñada para detectar cualquier variación en el comportamiento del sistema volcánico. Entre los principales instrumentos destacan las estaciones sísmicas distribuidas por toda la isla. Estos sensores registran continuamente miles de señales, muchas de ellas completamente imperceptibles para las personas.
Gracias a esta red es posible localizar con enorme precisión la profundidad, magnitud y características de cada terremoto, pero la vigilancia no termina ahí.
Estaciones GNSS, cuando el suelo se mueve apenas unos milímetros
Uno de los sistemas más sofisticados es la red de estaciones GNSS de alta precisión, estos equipos utilizan tecnología satelital para medir deformaciones del terreno del orden de pocos milímetros. ¿Por qué resulta tan importante?. Cuando el magma asciende hacia zonas superficiales suele provocar un ligero abombamiento del terreno. Ese proceso puede comenzar meses antes de una erupción, detectarlo precozmente constituye uno de los principales objetivos de la vigilancia volcánica. En el episodio actual no se han observado deformaciones compatibles con un ascenso magmático significativo, un dato que aporta tranquilidad a los investigadores.
Vigilancia geoquímica
Otro de los pilares fundamentales consiste en el análisis continuo de los gases volcánicos, los científicos estudian especialmente: dióxido de carbono (CO₂), dióxido de azufre (SO₂), radón, helio y la composición isotópica de distintos gases.
Satélites y observación remota
La tecnología espacial también desempeña un papel esencial., los satélites equipados con radares interferométricos permiten detectar deformaciones del terreno prácticamente invisibles desde la superficie. Esta técnica, conocida como InSAR, constituye una herramienta de enorme valor para confirmar o descartar cambios detectados mediante otras técnicas de observación.
La combinación de información procedente del espacio y de la instrumentación terrestre ofrece una visión muy precisa del comportamiento del edificio volcánico.
Mucho más que registrar terremotos
El Instituto Geográfico Nacional es el organismo responsable de la vigilancia sísmica y volcánica en España. Su trabajo se desarrolla de forma ininterrumpida durante las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Cuando se detecta cualquier anomalía, los equipos científicos analizan de forma inmediata la información disponible antes de valorar la necesidad de comunicarla a las autoridades competentes.
En el caso de Tenerife, el aviso remitido a Protección Civil responde precisamente a ese protocolo preventivo, no supone una declaración de emergencia ni implica que la población deba modificar su actividad cotidiana. Su finalidad consiste en garantizar que todos los organismos responsables compartan la misma información científica actualizada para poder reaccionar con rapidez si la situación evolucionara de forma diferente.
Este sistema de comunicación constituye una de las principales fortalezas de la gestión moderna del riesgo volcánico y permite que las decisiones se adopten con base en datos objetivos, evitando improvisaciones y reduciendo al mínimo la incertidumbre.
Un sistema de coordinación diseñado para anticiparse a cualquier escenario
Cuando el Instituto Geográfico Nacional detecta una anomalía significativa en la actividad sísmica o volcánica, la información no queda únicamente en el ámbito científico. En Canarias existe un procedimiento perfectamente definido para que esos datos lleguen de forma inmediata a los organismos responsables de la gestión de emergencias.
El principal instrumento de planificación es el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de la Comunidad Autónoma de Canarias (PEVOLCA). Este plan establece cómo deben coordinarse las administraciones públicas, los organismos científicos y los servicios de intervención en función de la evolución de la actividad volcánica. Su objetivo no es reaccionar cuando se produce una emergencia, sino anticiparse a ella mediante la vigilancia permanente, la evaluación del riesgo y la planificación de las posibles respuestas.
En este contexto, el aviso remitido por el IGN a Protección Civil debe interpretarse como una actuación preventiva prevista en los protocolos. El intercambio continuo de información entre científicos y responsables de emergencias garantiza que, si la situación cambiara, las autoridades pudieran adoptar las medidas oportunas con la mayor rapidez posible.
Un sistema basado en la evidencia científica
Uno de los aspectos más relevantes del modelo canario de gestión del riesgo volcánico es que las decisiones no se toman únicamente a partir de un parámetro aislado. Antes de valorar cualquier modificación del nivel de alerta, los especialistas analizan conjuntamente numerosos indicadores, entre ellos:
- La evolución temporal de la sismicidad.
- La profundidad de los terremotos.
- La deformación del terreno.
- La emisión de gases volcánicos.
- Las variaciones geoquímicas.
- Las observaciones geológicas de superficie.
- Los modelos geofísicos desarrollados por los equipos científicos.
Este enfoque multidisciplinar reduce significativamente el riesgo de interpretar de forma errónea fenómenos que, de manera aislada, podrían generar preocupación injustificada.
Un antes y un después en la vigilancia volcánica española
La erupción del volcán de Cumbre Vieja, iniciada el 19 de septiembre de 2021 en la isla de La Palma, marcó un punto de inflexión en la gestión del riesgo volcánico en España. A diferencia de otros episodios históricos, la evolución del proceso eruptivo fue seguida prácticamente en tiempo real gracias a una red instrumental mucho más desarrollada que la existente décadas atrás.
Durante los meses previos a la erupción, los científicos habían detectado una combinación de indicadores que incluían:
- Un incremento progresivo de la actividad sísmica.
- La migración de los hipocentros hacia niveles más superficiales.
- Deformaciones apreciables del terreno.
- Variaciones en la emisión de gases volcánicos.
- Cambios geoquímicos compatibles con una intrusión magmática.
La coincidencia de todos estos factores permitió anticipar que el sistema volcánico estaba evolucionando hacia un escenario potencialmente eruptivo. Precisamente por esa experiencia, los especialistas insisten ahora en que la situación registrada en Tenerife es diferente. En el episodio actual no se observa una evolución simultánea de todos esos indicadores, lo que refuerza la valoración de que no existen evidencias de una erupción inminente.
La importancia de evitar comparaciones simplistas
Tras la erupción de La Palma, cualquier noticia relacionada con terremotos en Canarias suele despertar una gran atención mediática. Sin embargo, los expertos advierten de que comparar automáticamente ambos escenarios puede conducir a interpretaciones equivocadas. Cada sistema volcánico posee características propias.
La estructura interna del complejo Teide-Pico Viejo difiere notablemente de la del sistema volcánico de Cumbre Vieja, tanto por su evolución geológica como por su dinámica magmática. Además, los procesos volcánicos rara vez siguen un patrón idéntico. La vigilancia científica precisamente busca identificar las particularidades de cada episodio para ofrecer una evaluación específica basada en datos y no en analogías.
La tecnología permite detectar cambios cada vez más sutiles en el comportamiento de los volcanes
La monitorización de los sistemas volcánicos ha experimentado una profunda transformación durante las últimas décadas. Si hace apenas medio siglo la vigilancia dependía en gran medida de la observación directa y de un número limitado de estaciones sísmicas, hoy los científicos disponen de una red de instrumentos capaz de registrar variaciones prácticamente imperceptibles para el ser humano.
En Canarias, este avance tecnológico ha situado al archipiélago entre las regiones volcánicas mejor monitorizadas de Europa. La experiencia adquirida tras la erupción de Cumbre Vieja (La Palma, 2021) impulsó nuevas inversiones destinadas a reforzar la capacidad de observación y mejorar la coordinación entre organismos científicos y servicios de emergencias. Actualmente, el seguimiento del complejo volcánico Teide-Pico Viejo combina información procedente de múltiples disciplinas:
Sismología de alta resolución
Las redes sísmicas permiten detectar terremotos de magnitud muy reducida, localizar su profundidad con gran precisión y analizar la evolución temporal de los enjambres sísmicos.
Geodesia satelital
Los sistemas GNSS y la interferometría radar mediante satélites (InSAR) permiten medir deformaciones del terreno de apenas unos milímetros, proporcionando información esencial sobre posibles cambios en el sistema volcánico.
Geoquímica
El análisis continuo de gases como el dióxido de carbono (CO₂) y el dióxido de azufre (SO₂) ayuda a detectar variaciones en la actividad hidrotermal y magmática.
Vigilancia térmica
Las cámaras infrarrojas y los sensores remotos permiten identificar anomalías térmicas que podrían indicar modificaciones en la circulación de fluidos o en la actividad superficial.
Modelización científica
Toda esta información se integra en modelos matemáticos y geofísicos que permiten interpretar el comportamiento del volcán con un elevado grado de precisión.
La combinación de estas herramientas convierte la vigilancia volcánica en un proceso dinámico y multidisciplinar, donde ningún parámetro se analiza de forma aislada.
La investigación científica como herramienta de protección
Comprender el volcán para reducir el riesgo
Uno de los principales objetivos de la investigación volcánica no consiste en predecir exactamente cuándo ocurrirá una erupción, algo que la ciencia todavía no puede hacer con absoluta precisión, sino identificar con suficiente antelación los cambios que puedan indicar una evolución significativa del sistema. Cada episodio sísmico aporta información valiosa.
Los enjambres registrados en Tenerife durante los últimos años permiten mejorar los modelos científicos, conocer mejor la estructura interna del edificio volcánico y perfeccionar los protocolos de vigilancia. En este sentido, los especialistas coinciden en que la información obtenida durante episodios como el actual constituye una oportunidad para seguir avanzando en el conocimiento del comportamiento del complejo Teide-Pico Viejo. Además, el intercambio de datos entre instituciones nacionales e internacionales fortalece la capacidad de respuesta ante futuros escenarios y contribuye al desarrollo de nuevas metodologías de monitorización.
La prevención como responsabilidad compartida
Instituciones, comunidad científica y ciudadanía forman parte del mismo sistema de protección
La gestión del riesgo volcánico no depende exclusivamente de los organismos científicos o de los servicios de emergencias, la ciudadanía desempeña también un papel fundamental. Una sociedad bien informada interpreta con mayor serenidad los mensajes de los expertos, comprende el funcionamiento de los protocolos de Protección Civil y reduce la posibilidad de que la desinformación genere alarma social. En este sentido, los especialistas insisten en varias recomendaciones básicas:
Confiar en la información oficial
Ante cualquier episodio sísmico o volcánico, las fuentes de referencia deben ser el Instituto Geográfico Nacional, el Gobierno de Canarias, Protección Civil y los organismos científicos responsables de la vigilancia.
Evitar la difusión de rumores
Las redes sociales permiten compartir información con enorme rapidez, pero también facilitan la propagación de interpretaciones erróneas o mensajes sin base científica. Contrastar la información antes de compartirla constituye una medida sencilla que contribuye a evitar la desinformación.
Fomentar la cultura del riesgo
La educación en materia de riesgos naturales es una de las herramientas más eficaces para mejorar la resiliencia de la población. Conocer cómo funcionan los volcanes, comprender qué significan conceptos como «enjambre sísmico» o «nivel de alerta» y familiarizarse con los planes de emergencia permite afrontar este tipo de noticias con mayor tranquilidad y criterio.
El incremento reciente de la actividad sísmica registrado bajo el complejo volcánico del Teide ha puesto de manifiesto la eficacia de los sistemas de vigilancia desarrollados en Canarias durante las últimas décadas. El aviso remitido por el Instituto Geográfico Nacional a Protección Civil no representa una señal de alarma, sino la aplicación de unos protocolos diseñados precisamente para anticiparse a cualquier posible evolución del sistema volcánico.
La monitorización permanente, la coordinación entre organismos científicos y servicios de emergencias, y el análisis conjunto de parámetros como la sismicidad, la deformación del terreno o la emisión de gases permiten disponer hoy de una capacidad de observación sin precedentes. Gracias a ello, las autoridades pueden actuar con criterios objetivos y basados en la evidencia científica, reforzando la seguridad de la población sin recurrir a mensajes alarmistas.
Al mismo tiempo, este episodio recuerda la importancia de la cultura de la prevención. Vivir en un territorio volcánico implica convivir con procesos geológicos naturales que, en la mayoría de los casos, forman parte del funcionamiento habitual del sistema. Comprender esa realidad, confiar en la información oficial y conocer los protocolos de Protección Civil son elementos esenciales para afrontar este tipo de situaciones con serenidad y responsabilidad.
En definitiva, la noticia no debe interpretarse como el anuncio de una emergencia inminente, sino como la demostración de que los mecanismos de vigilancia funcionan tal y como fueron concebidos: detectar, analizar, comunicar y prevenir. Esa capacidad de anticipación constituye hoy una de las principales garantías para proteger a la población y seguir profundizando en el conocimiento científico de uno de los sistemas volcánicos más emblemáticos de Europa.
Liderazgo en Gestión de Crisis y Seguridad
Consultoría Especializada de Alto Nivel