Las denuncias por intrusismo laboral en el campo de los psicólogos aumentan progresivamente año tras años. En 2024, el Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC) recibió 41 denuncias; en 2025, 44; y entre enero y julio de este año, último mes del que el organismo aporta cifras, un total de 26. La controvertida terapeuta de la familia Andic —propietaria del imperio Mango—, Julia Lüderwaldt, que no está colegiada y de quien además no se ha podido comprobar que posea estudios sobre psicología, ha puesto en el foco una realidad sobre la que los profesionales vienen años alertando. El colegio de psicólogos catalán está investigando a Lüderwaldt por intrusismo profesional.
Muchos de estos pseudopsicólogos se autocalifican a sí mismos como terapeutas o ‘coaches’, eludiendo así utilizar la terminología «psicólogo», que implica unos estudios sanitarios. Muchos se venden como especialistas en bienestar emocional —a algunos les basta tener una historia de vida dura o un pasado traumático para ponerse a dar consejos a los demás—, organizan retiros y montan empresas, sin habilitaciones sanitarias, que en ocasiones denominan «institutos».
Para ejercer como psicólogo se ha de tener el título del grado universitario y estar colegiado
Según fuentes del COPC, los temas por los que cuales los pacientes presentan denuncias tienen que ver con terapeutas que no son psicólogos que se anuncian ofreciendo servicios propios de la psicología y psicólogos que no están colegiados —como es el caso de Lüderwaldt—.
El organismo advierte, además, de que al colegio solo le llegan los casos denunciados. «Estimamos que hay muchos más que no llegan a denunciarse», señalan fuentes del Col·legi, quienes recomiendan a los ciudadanos de que se aseguren de que el profesional que los va a tratar tiene estudios en psicología y además está colegiado. Sin una cosa o sin la otra no se puede ejercer, según la ley. En Catalunya, esta información puede comprobarse en la web del COPC.
Son «chamanes», no psicólogos
«La línea de quién puede ejercer la psicología es clara: quien tiene la carrera o el grado de Psicología y está colegiado. No cualquiera puede trabajar en el campo de la salud mental. Pero no hay una cultura clara de qué quiere decir ‘salud mental’. Hay creencias —adivinos, chamanes— que se disfrazan como si fueran prácticas dentro de la psicología», advierte a EL PERIÓDICO Teresa Moratalla, comisionada de ética, deontología e intrusismo del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya. Moratalla insiste en que la ciudadanía debe comprender «a dónde dirigirse» para «no caer en manos de cualquiera». «Muchas veces esta gente ofrece consejos, no terapias de salud mental, que pueden ser perjudiciales».
«La línea de quién puede ejercer la psicología es clara pero no hay una cultura clara de qué quiere decir ‘salud mental'»
Una persona con solo un curso, un máster privado, formación en ‘coaching’ o una formación en «terapia» no puede presentarse legalmente como psicólogo si no posee la titulación correspondiente. Pero Moratalla reconoce el descontrol que existe a la hora de fiscalizar esta realidad. «No somos un órgano policial. Nosotros debemos velar por la buena práctica de los psicólogos, que son nuestros colegiados, y garantizar que tienen la formacion adecuada», defiende. «Hay un aumento del intrusismo y está en auge por las redes sociales. La posibilidad de publicitarte y convencer ante situaciones complicadas es más elevada», asegura.
Moratalla reconoce, además, que pese a que la ley sí marca quién puede ejercer como psicólogo, no existe una «regulación clara» que «penalice» estas pseudoterapias. «Y además la ciudadanía no tiene la concienciación. Puede ser algo peligroso», dice. En el caso de la terapeuta de la familia Andic, que al parecer utilizaba una «terapia de confrontación», los psicólogos ya han avisado de que carece de «evidencia científica» y «sentido».
«Cada vez es más preocupante»
La realidad que expone Moratalla es certificada por más colegas de profesión. «Es un tema cada vez más preocupante. Ahora mismo los colegios de psicólogos están intentando arreglar estas prácticas que ejercen personas no tituladas», denuncia también Esther Verdaguer, doctora en psicología que trabaja en el centro barcelonés Itersia y que forma parte del colectivo Salud Sin Bulos.
Verdaguer reconoce que en Catalunya hay cada vez más denuncias y expedientes abiertos, pero también matiza que no todos aquellos que se promocionan como ‘coach’ o terapeuta están haciendo intrusismo. Por ejemplo, un ‘coach’ no es un psicólogo pero puede acompañar al cliente a marcarse unos objetivos profesionales. «Pero si ya se pone la etiqueta de ‘coach’ emocional o experto en trauma o apego, y empieza a tratar temas que tienen que ver con la salud mental, entonces sí».
El colegio recomienda a los ciudadanos que pregunten por la formación de la persona que les va a tratar
Esta psicóloga explica que estos pseudoterapeutas habitualmente prometen un «resultado seguro y rápido». «Eso sí, si no funciona es culpa del paciente por no haberlo hecho bien», avisa. Los riesgos a los que este se enfrenta no son pocos. Por ejemplo, hay personas que tienen depresiones más severas al acudir a un psicólogo más tarde de lo esperado porque han estado haciendo estas pseudoterapias.
«Llegan a terapia peor», dice Verdaguer. Recomienda a los pacientes que busquen un psicólogo «no tener miedo» a hacer preguntas: qué titulación tiene el profesional, si está colegiado, si la visita es en un centro o en su casa particular y el tipo de tratamiento que va a recibir. «Normalmente los pacientes no preguntan nada. Pero un profesional de verdad te explicará todo esto sin usar términos científicos que no entenderás», concluye.
«Antes era esporádico, pero el intrusismo en el campo de la psicología es cada vez más frecuente»
La psicóloga Margarita Barranco tiene más de 30 años de experiencia en dinámicas abusivas. «Antes era esporádico, pero el intrusismo en el campo de la psicología es cada vez más frecuente», asevera. La tendencia actual, se lamenta, fomenta que personas «que no han estudiado ni tienen intención de hacerlo» se dediquen a tratar a pacientes sin la formación necesaria. «En Instagram hay cada vez más gente que dan unas pautas sin tener mucha idea de a dónde pueden llevar estas pautas», asegura. La gente se siente «muy sola» y «no sabe qué hacer». Por eso acuden a estos pseudoterapeutas.
Colectivos como RedUNE —la Red de Prevención del Sectarismo y del Abuso de Debilidad—, del que Barranco forma parte, llevan «muchos años» intentando ver cómo «frenar a estos personajes». «Es un tema de salud importante, estamos jugando con personas. Yo he visto gente llegar a querer matarse por lo que el profsional o el sujeto le decía o le hacía hacer. Podemos hacer que se rompan familias», concluye Barranco.
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