En 2005, la vida de Rosa (nombre ficticio), una mujer de Eukadi que ahora ronde los 50 años, cambió, pero ella no fue consciente hasta muchos años después. Y solo se atrevió a denunciar el año pasado, casi dos décadas después. «Empecé a hacer terapia con un psicólogo que hacía —y sigue haciendo— constelaciones familiares. Yo no sabía nada de esto», relata a EL PERIÓDICO. Rosa decidió empezar una terapia porque tenía un malestar emocional.
Las constelaciones familiares son una pseudoterapia que se presenta como una forma de explorar conflictos personales o familiares a partir de la idea de que ciertos problemas actuales pueden estar relacionados con dinámicas, traumas o acontecimientos de generaciones anteriores. Sin embargo, psicólogos titulados, muchas veces vinculados a la terapia Gestalt, también realizan constelaciones familiares, pese a su falta de evidencia científica. En el caso de Rosa, su terapeuta era un médico licenciado, sin estudios en psicología, pero con formaciones en escuelas de psicoterapia.
«¿Cómo pudieron hacerme esto si yo necesitaba ayuda? Yo no quería que me separaran de mi familiar»
Normalmente las constelaciones familiares se realizan en grupo. Una persona plantea un problema y el terapeuta pide a otros participantes que representen a miembros de su familia. Estas personas se colocan físicamente en distintos puntos de la sala y expresan sensaciones o emociones; a partir de esas posiciones e interacciones, el terapeuta interpreta supuestas dinámicas familiares ocultas. Rosa hizo estas constelaciones en retiros de unas 10 personas que duraban nueve días y que costaban 1.800 euros.
«A mí no me informaron de nada», afirma. Pero en una de estas constelaciones, una persona que representaba a su padre respondió «deseo sexual» cuando el terapeuta le preguntó qué sentía hacia la hija, Rosa. «El terapeuta me dijo que eso salía de esa persona real. Y que todo esto era para sanarme. Yo llegué a creérmelo», revela Rosa. Y se alejó de su padre bruscamente. Durante años, jamás habló de esto con sus amistades. «Tuve hasta pesadillas. Empecé a buscar indicios en mi infancia de si había pasado algo. Empecé a tener pensamientos psicóticos«.
Rosa se atrevió a denunciar el caso el año pasado, casi dos décadas después
Pero hace poco, el padre de Rosa, a quien ella no había dado un beso o un abrazo desde aquel suceso de 2005, falleció repentinamente. Y aquella idea que las constelaciones familiares le habían instilado comenzó a deshacerse. Se sintió muy mal. Empezó a sentir que la habían estafado. «Tuve un duelo muy largo, adelgacé, empecé con antidepresivos… Empecé a ir a una psicóloga [de las de verdad] y le preguntaba cómo me podía haber pasado algo así a mí, cómo podría recuperar a mi padre… ¿Cómo pudieron hacerme esto si yo necesitaba ayuda? Yo no quería que me separaran de mi familiar», relata.
Rosa contactó con RedUNE, la Red de Prevención del Sectarismo y del Abuso de Debilidad, una asociación española no gubernamental que trabaja en la prevención de dinámicas sectarias, manipulación psicológica, persuasión coercitiva y abusos sobre personas vulnerables. Puso una queja en el colegio de psicólogos de su provincia en 2025. «A día de hoy no estoy recuperada. No puedo hablar de esto con mi madre ni con nadie. Tengo ansiedad y sigo medicada».
Arrastrada por las redes sociales
También Jorge (nombre ficticio), vecino de Soria, ha puesto recientemente una denuncia en RedUNE. Tiene 27 años y la víctima es una amiga íntima suya. «No es tonta», avisa. Pero ha caído en manos de las pseudoterapias. «Mi amiga estudió Bellas Artes y acabó harta de estar mal pagada. Así que todo empezó porque quiso empezar su propio negocio», relata Jorge. Así fue cómo esta chica, a través de las redes sociales —Youtube, Instagram—, cayó en una especie de academia de «registros akáshicos pleyadianos, magia, brujería y tarot».
«Empecé a preocuparme cuando comenzó a pagar cursos que costaban mucho y que eran cosas de sanación y terapias. Los cursos costaban más de 300 euros», dice Jorge, quien asegura que advirtió a su amiga de que si ella montaba un negocio de este tipo podría tener «problemas legales». «Toda esta gente utiliza estos términos: sanación, terapia holística… Tú todo esto puedes enfocarlo en el ámbito artístico, pero no en el de la salud mental».
«Veo una estructura piramidal. La chica esta con la que se forma capta a otras chicas como mi amiga y las enseña a hacer terapias alternativas para vivir de ello. Investigan tus ancestros y tus vidas padas. Y presentan todo esto como terapias que pueden sustituir a cualquier terapia psicológica», relata Jorge. Por ejemplo, según esta lógica, si a ti te pasa algo malo, puede ser que uno de tus ancestros te haya transmitido el trauma. «Dejar de tratar una depresión porque crees que tienes espíritu que vive en casa es peligroso. Son temas sectarios», concluye Jorge.
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