España en mapas. Una síntesis geográfica
Compendios del Atlas Nacional de España. Actualizado
La mayor parte del territorio de España está integrada en la unidad geográfica de la península ibérica. Comprende, además, un conjunto de terrenos insulares, como las islas Baleares, Canarias y otras islas más pequeñas (Columbretes o Alborán), así como las ciudades de Ceuta y Melilla, en el norte de África. El territorio peninsular, islas Baleares e islas Columbretes, se encuentran en la placa euroasiática, mientras que los restantes territorios están ubicados en la placa africana. En el conjunto formado por la Península y Baleares pueden delimitarse una serie de grandes unidades geológicas, que representan terrenos con características y evolución similares (ver mapa Grandes Regiones Geológicas de la península ibérica y Baleares). Estas unidades geológicas regionales se dividen en tres grupos: macizo Ibérico, cordilleras alpinas y cuencas neógenas.
El macizo lbérico o Hespérico constituye el extremo occidental de la cordillera Varisca (o Hercínica) europea, y se extiende aproximadamente por la mitad oeste de la península ibérica, al norte del valle del Guadalquivir. Sus límites septentrional y occidental son el mar Cantábrico y el océano Atlántico. Al este y sur se encuentran materiales mesozoicos y cenozoicos, bajo los cuales se hunden los terrenos paleozoicos y precámbricos que constituyen este macizo. Este basamento aflora también en el núcleo de la Cordillera Ibérica (prolongación de la zona asturoccidental-leonesa bajo la cuenca neógena del Duero). El Paleozoico existente en el Pirineo, Béticas y las Cordilleras Costeras, sin embargo, no pertenece al macizo Ibérico. El macizo Ibérico es un extenso territorio formado sobre todo por rocas metamórficas e ígneas (España silícea), afectado por la orogenia Varisca, en el que aumenta el metamorfismo hacia el suroeste. Durante la orogenia Alpina constituyó un trozo de placa continental estable y autóctona. Se pueden distinguir seis grandes unidades, con características estratigráficas y tectónicas distintas:
- Zona cantábrica: tiene un Paleozoico superior muy desarrollado (por ejemplo, la cuenca carbonífera asturiana) y una tectónica de cabalgamientos y escamas. La zona asturoccidental-leonesa está separada por el antiforme de Narcea.
- Zona asturoccidental-leonesa: con gran desarrollo del Paleozoico inferior y una tectónica de cabalgamientos y escamas, con aumento del metamorfismo hacia el oeste. Está separada de la zona centroibérica por la facies Ollo de Sapo.
- Zona de Galicia-Tras os Montes: con materiales que constituyen afloramientos discontinuos y cabalgan sobre los de la Zona centroibérica.
- Zona centroibérica, con sucesión de anticlinales y sinclinales y metamorfismo muy variable. Está separada de la zona de Ossa Morena por el batolito de los Pedroches.
- Zona de Ossa Morena: con gran desarrollo del Paleozoico inferior. Es un gran anticlinorio muy complicado y fracturado, con metamorfismo variable e intrusiones magmáticas estrechas.
- Zona sudportuguesa: gran desarrollo del Paleozoico superior, con series rítmicas y materiales volcanosedimentarios, a veces mineralizados (faja pirítica). Tiene una tectónica de mantos de corrimiento y pliegues tumbados. El metamorfismo es de bajo grado.
Las cordilleras alpinas. Al este del macizo Ibérico, donde dominan las rocas sedimentarias, se extiende un amplio territorio formado por materiales mesozoicos y cenozoicos. Se le podría asignar este territorio a la llamada “España calcárea”. El origen de este conjunto geológico es consecuencia de la orogenia Alpina. Este ciclo formador de cordilleras en todo el planeta construyó un buen número de sistemas montañosos en la Península, debido a que la subplaca ibérica quedó comprimida entre África y Eurasia, durante el periodo de apertura del océano Atlántico, y la evolución contemporánea del mar de Tethys. Este, antecesor del Mediterráneo, sufrió diversas etapas de distensión mesozoica y de compresión desde finales del Mesozoico y sobre todo durante el Cenozoico. Este dominio de cobertera mesozoica-cenozoica presenta, a su vez, características muy diversas. Por un lado, las cadenas montañosas con una tectónica alpina propiamente dicha, como Pirineos y el Sistema Bético, con mantos de corrimiento y cabalgamientos y, por otro las que poseen una tectónica más suave, como la Cordillera Ibérica y las Cordilleras Costeras catalanas. El Pirineo se sitúa entre las placas ibérica y europea, extendiéndose hacia el oeste hasta la Cordillera Cantábrica. Las Béticas ocupan el sur y sudeste de la península ibérica, y tienen su continuación hacia el este en las islas Baleares, y hacia el sur por Marruecos. Pirineos y Béticas son dos sistemas montañosos típicos, o de colisión, mientras que la Cordillera Ibérica se formó por un proceso de inversión tectónica de un antiguo rift, que previamente se había rellenado con sedimentos mesozoicos. En definitiva, el Sistema Ibérico es una deformación alpina intraplaca, al igual que el Sistema Central, este último formado por bloques del basamento elevados y hundidos (horst y graben) a partir de fallas inversas.
El Pirineo tiene una dirección predominante este-oeste, con la formación de importantes cabalgamientos y mantos de corrimiento que avanzaron hacia el sur durante la estructuración de la cadena.
En el Corte Geológico General de los Pirineos se aprecian varios de estos grandes mantos de corrimiento, como el de Gavarnie, donde afloran materiales cenozoicos, así como los frentes de escamas de este manto en las sierras de la Peña y Leyre, cabalgando a los materiales cenozoicos de la cuenca del Ebro. Un detalle de la complejidad estructural de estos frentes de cabalgamiento se muestra en el Corte Geológico de la Sierra de Loarre (Prepirineo oscense), donde la estructura cabalgante del frente del manto de Gavarnie involucra materiales desde el Triásico al Eoceno, formando un anticlinal tumbado junto a una zona fallada y cabalgada.
Desde el punto de vista geológico, en los Pirineos se distinguen las siguientes subzonas de sur a norte: cuenca del Ebro (Cenozoico), sierras exteriores o Prepirineo (Mesozoico-Cenozoico), canal de Jaca/Verdún y Pamplona (Cenozoico), subpirineo español (Mesozoico plegado), zona axial (Paleozoico con rocas intrusivas), subpirineo francés (Mesozoico cabalgado), cuenca de Aquitania (Cenozoico). La terminación hacia el oeste son las cordilleras vascocantábricas, donde aparecen materiales sedimentarios triásicos, jurásicos, cretácicos y cenozoicos, parecidos a los de la Cordillera Ibérica.
Las cordilleras Béticas presentan una orientación predominante este nordeste-oeste suroeste y son resultado de un complejo orógeno en el que se reconocen varios dominios geológicos muy diferentes agrupados en dos zonas: las zonas internas y las externas. Las zonas internas pertenecen a lo que fue la placa de Alborán y están formadas por tres subdominios: el complejo Nevado-Filábride, el complejo Alpujárride, y el complejo Maláguide. La colisión de la placa de Alborán con la placa ibérica produjo que inicialmente el complejo Maláguide cabalgase sobre el Alpujárride, y luego ambos sobre el Nevado-Filábride, tal como se observa en en el Corte geológico esquemático de las Cordilleras Béticas. Este conjunto continuó su movimiento aproximándose a las unidades de las zonas externas (Subbético y Prebético).
Allí comprimió de SSE a NNO los materiales del Subbético, cabalgando todo el conjunto sobre la plataforma prebética. Esta masa enorme, que se deslizaba sobre la litosfera peninsular, comprimió y plegó sus propios sedimentos, que se apilaron en el borde del macizo Ibérico. El archipiélago balear representa la continuación geológica de las Béticas hacia el Mediterráneo.
La Cordillera Ibérica muestra unas directrices geológicas noroeste-sudeste. En ella se distinguen las siguientes unidades: sierra de la Demanda (con Paleozoico y donde está muy desarrollada la facies Weald del Cretácico), rama Aragonesa (Mesozoico principalmente), depresión Calatayud-Teruel (Cenozoico), rama Castellana, sierra de Altomira (de dirección norte-sur) y zona del Maestrazgo.
Las Cordilleras Costeras tienen directrices NE-SO y están constituidas por materiales paleozoicos y mesozoicos. Están estructurados en una tectónica de horts y grabens, a veces con cabalgamientos y diapirismo. En ellas se distinguen las siguientes unidades: zona de enlace con el Maestrazgo, cordillera Prelitoral, cordillera Litoral y entre ambas, la depresión interna del Vallès-Penedès.
Cuencas sedimentarias neógenas. Entre las distintas cadenas alpinas, o entre estas y el macizo Ibérico, aparece toda una serie de cuencas sedimentarias neógenas (España arcillosa) posteriores a la orogenia Alpina, por lo que no suelen estar afectadas por deformaciones y su buzamiento suele ser horizontal: es el caso de las cuencas denominadas de antepaís, como las del Ebro y Guadalquivir, donde hay influencia también de sedimentación marina. Las cuencas intraplaca, del Duero y del Tajo, deben su existencia a la elevación de los distintos sistemas montañosos que actualmente las bordean, cuya erosión produjo el progresivo relleno sedimentario de estas depresiones. Eran fosas tectónicas incomunicadas con el mar, rellenas de sedimentos continentales. Las cuencas del Duero y del Tajo están rellenas de un Mioceno horizontal de más de 2 000 m de espesor en secuencia estratigráfica normal, con facies evaporíticas en el centro, calizas lacustres del páramo, así como rañas pliocenas y aluviales cuaternarios. Finalmente, existe otra serie de cuencas neógenas de menor extensión, ubicadas bien sobre el macizo Ibérico, bien sobre las cadenas alpinas (fundamentalmente en las cordilleras Ibérica y Béticas).
El resultado de esa superposición de terrenos y relieves muy distintos, en un espacio relativamente pequeño a escala planetaria, es la configuración de un mosaico geológico muy heterogéneo (ver Geodiversidad y Patrimonio Geológico) que, en combinación con distintos climas y usos antrópicos, forma la base y estructura de un conjunto de territorios, ecosistemas y paisajes muy diversos.
La distribución cronológica y estratigráfica de los acontecimientos que han configurado la historia geológica de España se muestra en la Escala de tiempo geológico. Pero también la historia de la vida puede seguirse a partir de la distribución estratigráfica de los fósiles, que aparecen, de modo mayoritario, en las rocas sedimentarias. La escala de tiempo actualizada (Comisión Internacional de Estratigrafía, 2023), incluye la distribución estratigráfica de fósiles, así como algunas fotos de fósiles y formaciones representativas de la geología de España. Como se puede observar, en España los fósiles se localizan tanto en los materiales metasedimentarios del ciclo varisco o hercínico (por ejemplo, cuarcitas armoricanas o pizarras negras), como en las cadenas alpinas y en las cuencas cenozoicas, e incluso en algunos depósitos litorales en Canarias.
Los mapas geológicos representan la distribución espacial y temporal de rocas y estructuras de un determinado espacio. Los primeros mapas geológicos de España se remontan a la primera mitad del siglo XIX. Desde entonces, el Instituto Geológico y Minero de España ha producido toda una serie de ediciones, a distintas escalas, que han reflejado el mejor conocimiento disponible sobre este particular hasta la fecha de publicación del mapa correspondiente (ver Geología de la península ibérica y Baleares). La actual edición integra la geología de España con la de Portugal, para ofrecer una visión coherente y completa de la geología de la península ibérica. En ese mapa se puede observar la importante presencia de rocas plutónicas paleozoicas, relacionadas con las etapas finales de la orogenia varisca. Destaca también la diferenciación de las unidades alóctonas del noroeste del macizo Ibérico, restos de las colisiones continentales que produjeron esa orogenia varisca, donde aparecen rocas metamórficas máficas-ultramáficas de alta presión. Asimismo, se diferencian las unidades específicas de las cordilleras Béticas, en este caso producto de la complejidad de la colisión de la placa de Alborán en el sureste de la Península durante el ciclo alpino.
Los mapas tectónicos destacan las principales estructuras que conforman la organización geológica de un territorio y ayudan a identificar las unidades geológicas más importantes en que se dividen las cordilleras, así como los terrenos formados por rocas antiguas (ver Mapa Tectónico). En la península ibérica las unidades que forman la cordillera Varisca presentan una estructuración según unidades con una dirección predominante noroeste-sudeste, que en el extremo norte muestra una inflexión o giro, la Rodilla Astúrica. Estas unidades están afectadas por grandes fracturas de dirección predominante nordeste-suroeste, formadas hacia el final de la orogenia Varisca, y que condicionan la orientación de una parte de la depresión del Guadiana o del propio Sistema Central.
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Geodiversidad y patrimonio geológico La geodiversidad es la variedad de elementos que conforman la Tierra: rocas, minerales, fósiles, suelos, montañas, valles y paisajes modelados por procesos geológicos a lo largo de millones de años. Según la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad (BOE, 2007), esta diversidad constituye el registro de la evolución del planeta y forma parte de nuestro patrimonio natural. En España el estudio de la geodiversidad ha adquirido una creciente relevancia, no solo por su valor científico, sino también porque contribuye a comprender y conservar los paisajes, fomentar el turismo sostenible y reforzar la conexión entre las personas y su entorno natural. La impresionante geodiversidad española da lugar a la existencia de un importante número de Lugares de Interés Geológico (LIGs): sitios donde existen elementos geológicos de relevancia y valor especial. En España existe un Inventario de Lugares de Interés Geológico (IELIG), gestionado por el Instituto Geológico y Minero (IGME), en el que destacan un conjunto de LIG de relevancia internacional, catalogados en el proyecto “Global Geosites”. El conjunto de los LIG constituye nuestro Patrimonio Geológico. Ligados al concepto de patrimonio geológico surgieron los Geoparques, territorios donde se combinan su conservación, la educación ambiental y el desarrollo sostenible. La iniciativa comenzó en Europa en el año 2000 con la European Geoparks Network (EGN). Desde 2015 la UNESCO, mediante el International Geoscience and Geoparks Programme (IGGP), otorga el sello UNESCO Global Geopark a los territorios con un patrimonio geológico de valor internacional y una gestión sostenible y participativa. Desde entonces, España se ha consolidado como uno de los países líderes en esta iniciativa. El mapa de distribución de los 18 Geoparques españoles sobre las grandes regiones geológicas refleja la estrecha relación de estos con la historia geológica de nuestro territorio. Cada geoparque ilustra un capítulo distinto de esa evolución y en conjunto conforman una síntesis excepcional de las complejas y diversas formaciones geológicas de España. A través de los geoparques se puede recorrer prácticamente toda la evolución de los últimos 600 millones de años, desde los antiguos macizos paleozoicos de Villuercas-Ibores-Jara y Montañas do Courel, donde los pliegues y cabalgamientos revelan las orogenias variscas, hasta los amplios dominios sedimentarios de Sierras Subbéticas, Maestrazgo, Granada y Las Loras, que registran la apertura y cierre de antiguos mares y la formación de los relieves actuales. Cabo Ortegal conserva afloramientos únicos de rocas oceánicas metamorfizadas a alta presión, testigos del cierre de antiguos océanos. La historia oceánica y los movimientos tectónicos que dieron forma al norte peninsular se ponen de manifiesto tanto en los impresionantes acantilados de la Costa Vasca, donde las capas de flysch narran más de sesenta millones de años de evolución geológica, como en el litoral cántabro de Costa Quebrada, donde los relieves marinos y las plataformas de abrasión ilustran de modo espectacular la dinámica costera y la interacción entre geología y mar. En el interior, la acción del agua y del hielo ha modelado relieves kársticos y glaciares en Sobrarbe-Pirineos, Orígens y Maestrazgo, mientras que en Molina-Alto Tajo las parameras y hoces fluviales ofrecen una ventana a los antiguos mares mesozoicos. En Sierra Norte de Sevilla su larga historia minera refleja la estrecha relación entre la geología y el aprovechamiento humano de los recursos. Los procesos volcánicos están magníficamente representados en el Cabo de Gata-Níjar, con sus antiguos domos, coladas y calderas miocenas, así como en los campos lávicos más recientes de volcanes del Campo de Calatrava, en el sector centro meridional de la submeseta sur, donde más de doscientos conos y maares documentan un volcanismo pleistoceno extraordinario. En Canarias, los geoparques de Lanzarote y Archipiélago Chinijo y El Hierro ofrecen una perspectiva única del volcanismo oceánico, mostrando procesos eruptivos de excepcional diversidad volcanológica y paisajística. Los geoparques españoles ofrecen una síntesis extraordinaria de la evolución geológica del territorio, con ejemplos que abarcan desde los orígenes de los continentes hasta los procesos actuales que siguen modelando nuestros paisajes. Esta red sitúa a España entre los países con mayor diversidad geológica y riqueza de paisajes naturales del mundo. Conocer y proteger su geodiversidad es, en definitiva, una forma de cuidar la memoria geológica de la Tierra y garantizar que las futuras generaciones puedan disfrutar y aprender de ella. |
Las manifestaciones volcánicas cenozoicas en España se distribuyen en la península ibérica (y el fondo marino mediterráneo cercano) y en el archipiélago canario. En la Península se diferencian cuatro provincias volcánicas: la Sureste, la de Levante, la Noreste o catalana y la Central o del Campo de Calatrava.
La mayoría de estas provincias volcánicas peninsulares son de carácter disperso, con puntos de emisión monogenéticos en regiones más o menos amplias, extruyendo entre materiales de edades muy diversas, desde materiales variscos a sedimentos cuaternarios. Las sierras de Cabo de Gata-Níjar corresponden, por el contrario, a edificios volcánicos complejos poligenéticos, aunque muy retocados por la tectónica y la erosión. La edad del volcanismo está estrechamente relacionada con su composición, por lo que los magmas miocenos tienen tendencia subalcalina y el volcanismo posterior Plio-Pleistoceno es de tipo alcalino.
El archipiélago canario es el único territorio puramente volcánico, al estar formadas las islas por una serie de edificios volcánicos superpuestos de naturaleza variada. Las rocas volcánicas más antiguas del archipiélago tienen edad paleógena y la actividad ha continuado hasta la actualidad, con varias islas que presentan actividad volcánica histórica recurrente.
La provincia volcánica Sureste (entre el Cabo de Gata y el sur de Murcia) es única en el volcanismo de España por su volumen, tipología eruptiva y petrología. Presenta una zonación S-N en sus características y edad. En las sierras de Cabo de Gata-Níjar aparece un volcanismo principalmente explosivo, de carácter submarino y litoral (emergido tectónicamente) asociado a edificios poligenéticos complejos. Este volcanismo es
calco-alcalino, con predominio de andesitas y dacitas, y edades de entre 15 y 7 millones de años (Ma). Al norte y noroeste se extiende un cinturón de afloramientos de rocas calco-alcalinas más ricas en potasio, esencialmente contemporáneas (12-6 Ma). También aparece un vulcanismo similar en contexto, tipología eruptiva y edades (9-7 Ma), pero que se caracteriza por rocas ultrapotásicas únicas en Europa: las lamproítas. En la zona de Cartagena aparecen afloramientos dispersos de un vulcanismo monogenético basáltico alcalino, de edad pliocena (2,8-2,6 Ma).
La provincia volcánica del Levante está formada por varias zonas volcánicas submarinas (de las que sólo emergen las islas Columbretes) y dos afloramientos en tierra firme: Cofrentes y Picassent (Valencia). Las Columbretes representan la parte emergida de varios edificios de un campo volcánico submarino, con una única estructura volcánica reconocible (Columbrete Grande) con actividad principalmente hidromagmática, pero también estromboliana subaérea. La actividad, que comienza en el Pleistoceno (0,8-0,7 Ma), fue inicialmente basáltica y evolucionó a fonolítica hace 0,3-0,2 Ma.
La provincia volcánica catalana presenta un vulcanismo disperso con un desarrollo mucho mayor, pues se extiende por un área de unos 2 500 km2. Se distinguen tres zonas: L’Empordá al NE (<12 – 8 Ma), La Selva al sur (7,9-1,7 Ma) y la Garrotxa al oeste (0,5-0,01 Ma). Solo en estas zonas más jóvenes se pueden identificar más de 50 centros eruptivos monogenéticos, los más jóvenes con edades cercanas al límite pleistoceno-holoceno y morfologías muy bien conservadas. El vulcanismo es híbrido, con coladas de lava y actividad explosiva, en ocasiones freatomagmática. El magmatismo, de tipo máfico alcalino, presenta un importante control tectónico, principalmente a favor de fallas NO-SE.
La provincia volcánica del Campo de Calatrava (Ciudad Real) está compuesta por más de 200 centros volcánicos monogenéticos distribuidos por un área de unos 5 000 km2. La actividad fue también híbrida (efusiva-estromboliana), con un importante desarrollo de edificios freatomagmáticos, que muestran morfologías bien conservadas (conos y maares). La actividad principal, de tipo máfico alcalino, se desarrolló desde los 4,3 Ma hasta hace menos de 0,7 Ma.
Los modelos geodinámicos más recientes interpretan la distribución y naturaleza del vulcanismo cenozoico de la península ibérica como resultado de la evolución posorogénica tras la convergencia entre África e Iberia, y la subducción relacionada que produjo el metasomatismo del manto litosférico. La extensión, debida al colapso gravitacional del orógeno bético-rifeño, generaría el vulcanismo calco-alcalino a ultrapotásico mioceno. El vulcanismo alcalino posterior forma parte de una gran provincia volcano-tectónica que se extiende como un sistema de rifts en dirección NNE desde Marruecos hasta el norte de Europa, ligado a un ascenso del manto sublitosférico (pluma mantélica).
Todas las islas Canarias están formadas por la superposición de diversos edificios volcánicos que crecen sobre la corteza oceánica jurásica, desde un fondo oceánico a profundidades de más de 3 000 m. La fase inicial de actividad volcánica submarina sólo aflora en Fuerteventura, La Gomera y La Palma, pero todas las islas actuales constituyen la parte emergida de enormes edificios, inicialmente submarinos. Los materiales submarinos aflorantes (que aparecen junto a cuerpos plutónicos) están basculados y deformados, lo que evidencia un importante levantamiento tectónico de estas islas. Asociado a las islas actuales existe un conjunto de edificios submarinos, algunos de los cuales han estado emergidos en momentos de nivel del mar más bajo (por ejemplo, el monte submarino de Amanay, al sur de Fuerteventura).
En general, en todas las islas el vulcanismo subaéreo comienza con la construcción de grandes edificios lávicos basálticos. Algunas islas actuales son el resultado de la superposición de varios de estos edificios, como Fuerteventura o Tenerife. En el mapa Geología de Canarias se puede observar una evolución temporal general de esta actividad inicial desde el este (edades miocenas en Lanzarote y Fuerteventura) hacia el oeste (actividad plio-pleistocena en La Palma y El Hierro). En algunas islas estos edificios centrales han evolucionado hacia estratovolcanes con una importante actividad félsica explosiva (por ejemplo, Gran Canaria o Tenerife), que ha dado lugar a la extraordinaria variedad petrológica de las islas (desde basaltos a fonolitas y riolitas). El único estratovolcán activo y morfológicamente bien conservado es el Teide (Tenerife), ubicado en el interior de la caldera de Las Cañadas, una depresión asimétrica de origen debatido. Junto a estos edificios centrales son muy característicos los edificios alargados formados por la superposición de materiales de múltiples erupciones monogenéticas, conocidos en Canarias como “dorsales”. Un buen ejemplo es Cumbre Vieja, en La Palma (ver mapa Tectónica de las islas Canarias). Muchos de estos grandes edificios volcánicos canarios han sufrido durante su evolución enormes colapsos laterales catastróficos de sus flancos, generando extensos depósitos de deslizamientos identificados en los fondos marinos que rodean las islas.
Todas las islas, a excepción de La Gomera, presentan actividad eruptiva reciente pleistocena-holocena (ver mapa Geología de las islas Canarias), pues existen 18 erupciones con registro escrito histórico inequívoco: 2 en Lanzarote, 6 en Tenerife, 2 en El Hierro y 8 en La Palma. En esta última isla, la más activa en tiempos históricos, tuvo lugar la erupción más reciente del archipiélago, la del volcán Tajogaite en el año 2021. Todas las erupciones históricas canarias han sido de tipo híbrido (explosivas-efusivas), con predominio de las coladas de lava y actividad explosiva ligera a moderada, teniendo duraciones de días-meses (excepto la erupción de Timanfaya en Lanzarote que duró seis años: 1730-1736).
El origen de esta provincia volcánica oceánica intraplaca, de carácter alcalino, es aún objeto de debate científico. La teoría predominante durante mucho tiempo ha sido la de un origen asociado a una pluma mantélica. Sin embargo, las cada vez más numerosas inconsistencias relevantes presentadas a esa hipótesis (por ejemplo el importante levantamiento y plegamiento de sedimentos y lavas del fondo oceánico jurásico de Fuerteventura) han motivado la propuesta de que la tectónica regional, en el contexto de la compleja convergencia cenozoica de las placas africana y europea, pueda tener un papel relevante en el origen y evolución de esta provincia tecto-volcánica.
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